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miércoles, 18 de marzo de 2015

17 de agosto de 1977: El rompehielos "Arktika" alcanza el Polo Norte

Para variar, después de tantas efemérides bélicas, hoy nos detenemos en la conmemoración de un hecho en el que no se disparó ni un tiro, algo en todo caso reconfortante. Ya hemos tratado en este blog la efeméride relacionada con el primer submarino que alcanzó el Polo Norte, y ahora nos detenemos en el primer buque de superficie en imitar tal acontecimiento, algo que a priori se nos antojaría imposible a los profanos en la materia.

De este modo, nos situamos en el último cuarto del siglo XX, en plena guerra fría, en la que las dos superpotencias competían en todo tipo de logros, tanto científicos, como bélicos o incluso deportivos, y donde cada logro alcanzado por una de ellas se manifestaba como una victoria frente al otro bando. Así sucedería con la carrera espacial y con tantas otras cosas. Y algo parecido se experimentó con la carrera tecnológica relacionada con la energía nuclear y todos sus usos. 

Entre estos se encontraba de forma destacada el uso de reactores nucleares para propulsar buques. La ventaja obvia de esta propulsión se encontraba, por un lado, en su capacidad para convertir lo que hasta entonces eran meros sumergibles en verdaderos submarinos capaces de permanecer meses en inmersión sin necesidad de subir a la superficie a recargar baterías y capaces de largos periodos sin repostar. Pero también se usó esta propulsión en buques de superficie, sobre todo grandes navíos como portaaviones, cruceros y destructores, que de esta forma eran capaces de una perdurabilidad y una autonomía hasta entonces desconocida. Por otro lado, y esta era la cruz de este sistema, suponía un elevadísimo coste, así como un problema con la seguridad operacional, ya que cualquier percance relacionado o no con el reactor nuclear de a bordo se podía convertir en un desastre nuclear.

Pese a ello, los años 70 y 80 supusieron un auténtico "boom" en el uso de reactores nucleares como planta propulsora de buques, principalmente militares pero también alguno civil. 

Este es el caso que nos ocupa, y que constituiría la serie de rompehielos de mayor tamaño y potencia de su época, la clase "Arktika". El primer buque de la serie y que le daría nombre a la misma fue construido en los astilleros del Baltico, en Leningrado (hoy San Petersburgo). Con un desplazamiento de 23.000 toneladas, 148 metros de eslora, 30 de manga y una tripulación de casi 200 hombres, este mastodonte era propulsado por dos reactores nucleares OK-900A que le dotaban de una potencia de más de 75.000 caballos. Su doble casco en forma de barril y la curvatura de su proa hace que el buque "monte" sobre la capa de hielo en vez de embestirla, partiéndola con su peso. De esta forma el buque puede atravesar capas de hasta 6 metros de hielo. El Arktika tenía la popa en forma de M de manera que pudiese efectuar labores de remolque, y estaba equipado con un hangar con capacidad para dos helicópteros Mil-mi 2 "Hoplite" o Kamov Ka 27 "Helix".

El Arktika fue botado en 1975, y otros 5 buques de la misma clase serían completados. Su misión era fundamentalmente científica, y además servirían para abrir paso por el casquete polar a buques mercantes en las rutas del ártico, algo de importancia fundamental para la Unión Soviética dado su limitado acceso a las rutas oceánicas a través del Báltico o del Mar Negro, y teniendo en cuenta que dichas rutas de acceso al Atlántico se helaban buena parte del año. 

Como un test para las capacidades del buque, como un hito y, por qué no, para demostrar la potencia industrial y tecnológica de la Unión Soviética frente a las potencias occidentales, en 1977 el Arktika parte del puerto de Murmansk con rumbo al Polo Norte, haciendo honor a su nombre (significa "fin de la tierra). Tras una travesía de 13 días a una velocidad media de 12,3 nudos, recorriendo 3.080 millas, el buque izó el pabellón soviético en el punto marcado a latitud 90ºN. Era el 17 de agosto de 1977, y el Arktika se había convertido en el primer buque de superficie en alcanzar el Polo Norte. 

No sería el único hito que marcaría el rompehielos en sus singladuras, aunque sí el más destacado. Estuvo un año entero sin tocar puerto, y cumplió 33 años de servicio continuado, recorriendo más de un millón de millas durante sus navegaciones. los reactores funcionaron sin contratiempos durante 117.000 horas, demostrando la fiabilidad y la robustez de su construcción. Durante su funcionamiento rompiendo hielo, la planta propulsora consumía 200 gramos de combustible al día. Dado que el núcleo del reactor albergaba 500 kg de isótopos de uranio, el buque necesitaba una parada para el cambio de núcleo y por lo tanto para repostar una vez cada cuatro años aproximadamente. 
Así,

En el 2008, el Arktika fue retirado del servicio. Sus reactores se usaron como fuente de repuestos para los 4 rompehielos de su clase que siguen en servicio, como recordatorio de la potencia tecnológica y de los esfuerzos de la industria rusa para mantenerse en la vanguardia en sectores punteros durante la guerra fría.

Fuentes: Wikipedia, Russia and India Report


martes, 21 de enero de 2014

12 de agosto de 2000: Hundimiento del K-141 "Kursk"

Con el fin de la guerra fría y el colapso de la antigua URSS, Rusia se encontró con la imposibilidad de
mantener unas mastodónticas fuerzas armadas en una situación financiera catastrófica. Esto determinó el almacenamiento o retirada de grandes contingentes de armamento en los tres ejércitos, mientras se intentaba mantener operativos los sistemas de armas más fundamentales y modernos de manera que se conservase un poder militar creíble. En el caso de la ex marina soviética, esto supuso que grandes cantidades de buques de superficie y de la joya de la corona, el arma submarina, fuesen remolcados y almacenados a la intemperie en diversas bases a la espera del soplete, acumulando herrumbe, mientras eran canibalizados y desprovistos del material aprovechable. 

Asimismo, buques en construcción o en proyecto fueron cancelados o bien languidecieron en las gradas de los astilleros en una carrera agónica por obtener los recursos para su finalización. Pero hubo proyectos en los que se invirtieron grandes esfuerzos para que rusia pudiese mantener una fuerza submarina moderna y operativa, con el nivel necesario para cumplir con sus funciones, conservando un músculo plausible en el escenario geoestratégico internacional. 

Este fue el caso de los submarinos nucleares de ataque de la clase Oscar II. Hasta 1999, Rusia consiguió completar una serie de 11 de estos buques oceánicos portadores de misiles de crucero. Diseñados en origen para atacar grupos de combate de la OTAN, pero con capacidad de extender sus ataques a instalaciones costeras, el Project 949.A es uno de los submarinos de ataque de mayor tamaño, capaz de golpes demoledores contra las flotas enemigas. 

El Oscar II dispone de 24 misiles de crucero SS-N-19 Granit, que poseen un alcance de 550 km, con una longitud de más de 10 metros, 6,9 toneladas de peso y una cabeza de guerra de 1.000 kg de explosivo, estos monstruos se alojan en dos hileras de 12 tubos de lanzamiento a ambos lados de la vela del submarino, inclinados hacia adelante 40º, y son lanzados en inmersión. Además tiene capacidad para portar tanto torpedos como misiles de crucero de menor alcance en sus 4 tubos lanzatorpedos convencionales. 

Otra característica destacable del Oscar II era su diseño de doble casco de alta resistencia, que estaba ideado para proporcionar una seguridad extra y una gran posibilidad de sobrevivir en teoría hasta a impactos de torpedo. Los Oscar II fueron un desarrollo del Oscar I aumentando su tamaño, intentando incrementar su escasa maniobrabilidad y reducir su firma sonora. En todo caso el Oscar II es capaz de mantener una velocidad en inmersion de 30 nudos, la adecuada para mantener el ritmo de sus teóricas presas. 

Estas eran las características del K-141 Kusk, que sería botado en 1994, incorporándose a la flota del norte e iniciando sus patrullas de combate. En agosto de 2000, el Kursk participó en las maniobras de verano más importantes desde la caída de la Unión Soviética. En los ejercicios participaba una flota de superficie organizada en torno al crucero "Pedro el Grande" y 4 submarinos.

Así, en la mañana del 12 de agosto de 2000, el Kursk se acercaba sigilosamente al grupo de superficie para llevar a cabo el ejercicio previsto, que no era otro que el disparo de dos torpedos de prueba, sin explosivo, contra el buque insignia de la flota.

Fue entonces cuando, según la versión oficial, se desató la tragedia. Una fuga de peróxido de hidrógeno de alta densidad, el gas utilizado como combustible para los torpedos, tuvo lugar en uno de los que estaban siendo preparados para el disparo. Una reacción en cadena con los metales del tubo de lanzamiento provocó una explosión en el compartimento de torpedos, que se propagó hacia los siguientes sectores, que pronto se vieron envueltos en llamas. Se ignora cual fue la secuencia de los acontecimientos, pero lo cierto es que a los dos minutos de la primera explosión se registro una segunda, mucho más fuerte que la anterior, equivalente a unas 7 toneladas de TNT, y que se registró en todos los sismógrafos de la zona. Se supone que fue provocada por el choque del submarino contra el fondo del mar de Barents, a 108 metros de profundidad, lo que junto con las altas temperaturas originadas por el incendio harían explotar más cabezas de torpedo, volando toda la proa del submarino.

La reacción de las autoridades rusas, como en anteriores accidentes registrados con submarinos nucleares, fue muy lenta y marcada por un extremo secretismo. Informaciones llegadas desde el extranjero que hablaban de un posible siniestro llevaron a los familiares a presionar a un gobierno que pasó de negar la tragedia a cerrarse en banda a toda ayuda para intentar un rescate, asumiendo que toda la tripulación había perecido en el accidente. De hecho cuando se admitió que se había perdido el submarino ya habían pasado 16 días y equipos noruegos y británicos ya estaban en la zona. Cuando al fin se dejó vía libre para descender al pecio, se comprobó que se hallaba inundado en su totalidad, lo que descartaba supervivientes.

Pero el horror se desataría tras el rescate del submarino, que se llevó a cabo por una empresa holandesa en octubre de 2001. Se reveló a través de notas escritas en la oscuridad que entre 16 y 23 tripulantes consiguieron refugiarse en la parte trasera del buque. Sin luz, sin comida, agua, ni reservas de oxígeno, se cree que consiguieron sobrevivir seis días hasta que, a medida que el agua helada fue subiendo, se declaró un incendio y murieron asfixiados. Tal vez una operación de rescate llevada a cabo con celeridad hubiese podido salvarlos.

Todo esto según la versión oficial. Dada la enorme literatura que rodea las operaciones del "silent service" como se conoce a la guerra submarina, y el enorme juego del gato y ratón que se ha venido jugando bajo los océanos entre los submarinos nucleares de las potencias occidentales y la antigua URSS, un incidente como el del Kursk era campo abonado para las teorías de la conspiración. De todos es conocido que los ejercicios que las flotas llevan a cabo son oportunidades preciosas para sus posibles adversarios de obtener datos de inteligencia sobre las capacidades y las tácticas empleadas por las marinas rivales. Así, es muy normal que en estas maniobras siempre haya uno o más submarinos extranjeros "escuchando" en las proximidades. En el caso de los ejercicios de verano del 2000, se sospecha que al menos dos submarinos estadounidenses y uno británico se encontraban en la zona. La rapidez con la que el infortunio fue conocido cuando Rusia todavía no había dicho ni una palabra hace sospechar que efectivamente había presencia de la USN o de la Royal Navy en la zona. Estos submarinos serían el USS Toledo, el USS Memphis y el HMS Splendid. Según la teoría más repetida, el Toledo habría intentado acercarse en exceso al Kursk, y en una maniobra errónea lo habría abordado. El Memphis, confundido por los ruidos de la colisión (primera explosión registrada) y sospechando de un ataque del submarino ruso al Toledo, habría lanzado un torpedo Mk 48 que habría alcanzado al Kursk, hundiéndolo (segunda explosión registrada). El agujero en el casco señalado en la anterior imagen sería, según algunos, el punto de impacto de dicho torpedo.

Desde luego es una versión realmente digna de Tom Clancy, y se basa en relatos de familiares de los tripulantes de los submarinos implicados, así como el hecho de que el Memphis entrase en reparaciones en Noruega justo tras el accidente, la rapidez de la reacción británica que hace pensar que más bien quisieran ayudar a alguno de sus submarinos que pudiera haber resultado dañado... Hay otra teoría aún, que habla de una colisión entre el Kursk y el Splendid, que habría conseguido salvarse. También se basa en que al parecer tras el incidente este submarino languideció en una base apartada sin operar hasta su prematura retirada del servicio pese a ser relativamente nuevo.

En todo caso, hay informaciones para todos los gustos, y es poco probable que algún día se llegue a saber si estas teorías albergan algo de verdad. Desde luego,como en todos los incidentes relacionados con los submarinos, seguramente algo se nos escapa, aunque pueda ser mucho más prosaico que teóricas batallas submarinas en tiempo de paz. Lo cierto es que no hubo supervivientes que pudiesen contar lo que sucedió.

Fuentes: wikipedia, Pravda.ru, whatreallyhappened.com

martes, 31 de diciembre de 2013

10 de agosto de 1904: Batalla del Mar Amarillo

Nos ocupamos hoy para concluir el año de un episodio de la guerra ruso-japonesa de 1904, que supondría
el primer enfrentamiento a gran escala entre acorazados de hierro, de los llamados pre-dreadnought. 

La armada imperial rusa contaba con una considerable potencia en el pacífico, pero su flota estaba dividida entre los apostaderos de Vladivostók y de Port Arthur. La flota japonesa, mandada por el que posteriormente sería elevado a la categoría de mito almirante Heihachiro Togo, alineaba un sorprendente número de grandes unidades, muchas de ellas construidas en terceros países dada la escasa capacidad de la incipiente industria naval nipona a principios del siglo XX. No en vano, apenas cincuenta años antes Japón era un país anclado en un aislacionismo feroz y en plena edad media. El fulminante ascenso y desarrollo económico japonés tendría su primera prueba de fuego en el conflicto con Rusia, toda una potencia europea. La victoria japonesa en este conflicto supondría la primera vez que un país asiático prevalecía frente a los hasta entonces todopoderosos países occidentales.

En todo caso, Japón consiguió hacerse con una considerable armada y con unas tripulaciones excelentemente entrenadas. El primer paso tras el inicio de las hostilidades fue el bloqueo por parte japonesa de los dos principales fondeaderos de la escuadra rusa, lo que marcaría el desarrollo del conflicto, conflicto que por cierto empezó con un ataque sin previo aviso con torpedos por parte japonesa a la flota rusa en Port Arthur, algo de lo que hubiesen debido tomar buena nota los estadounidenses...

Por parte rusa, los esfuerzos se centrarían en unir sus escuadras para poder reunir una fuerza equiparable a la nipona para un enfrentamiento directo. Así, se decidió trasladar a la flota del Báltico para equilibrar las fuerzas. El periplo de esta flota que tuvo que dar la vuelta al mundo para alcanzar su destino merecería por si sola una efeméride. 

Pero nos situamos en agosto de 1804, en Port Arthur. El almirante ruso al mando de la primera escuadra del pacífico, Wilgelm Vitgeft, no era favorable a una salida de puerto, algo en lo que disentía del Virrey. Éste último consiguió sumar a su causa al Zar y así el almirante recibió la orden imperial directa de realizar una salida en fuerza con el objetivo de alcanzar Vladivostok. 

La escuadra que se hizo a la mar en el amanecer del 10 de agosto de 1904 estaba compuesta por los acorazados Tsesarevich, Retvizan, Pobeda, Peresvet, Sevastopol y Poltava, los cruceros acorazados Askold, Diana, Novik y Pallada y catorce destructores. Por parte japonesa, Togo izaba su insignia en el acorazado Mikasa, junto con el que participaron en el enfrentamiento los acorazados Asashi, Fuji y Shikishima, los cruceros acorazados Nisshin y Kasuga, ocho cruceros protegidos, dieciocho destructores y treinta lanchas torpederas.

A las doce y media de la mañana ambas flotas se avistaron a la altura de Encounter Rock. Al mismo tiempo se incorporaba desde el sur el almirante japonés Dewa con otros cuatro cruceros, pero la flota rusa maniobró hábilmente y consiguió esquivar el movimiento de pinza nipón. Los buques de Togo sin embargo cerraron distancias y cuando se hallaban a ocho millas se rompió el fuego, siendo esta una distancia inaudita dado que los telémetros sólo tenían un rango de seis millas, pero los proyectiles de la artillería de 305 mm, los más pesados, alcanzaban bastante más lejos. En todo caso el buque insignia ruso Tsesarevich recibió doce impactos, pero el fuego ruso machacó al Mikasa, destruyendo el equipo de radio de Togo y obligándolo a maniobrar para reducir su exposición e incorporar más fuerzas a lo que ya era una persecución. 

El fuego japonés se centró en el buque ruso más atrasado, el acorazado Poltava, que apenas podía mantener el andar del resto de la escuadra, unos catorce nudos, pero éste devolvió el fuego junto con otros buques y castigó duramente de nuevo al Mikasa y al Asashi, que tuvieron que romper el contacto aprovechando su mayor velocidad. Tal y como se desarrollaba la batalla y con el crepúsculo acercándose, parecía que la flota rusa iba a conseguir forzar su salida. Su artillería se estaba empeñando con dureza y precisión, obligando a los cruceros japoneses a mantenerse a distancia y devolviendo contundentes golpes a los acorazados de Togo. La artillería japonesa, sin embargo, tenía ciertos problemas relacionados con la calidad de sus proyectiles, lo que inutilizó parte de su artillería más pesada. Sin embargo una de esas andanadas supuso un golpe de suerte ya que impactó directamente en el puente del Tsesarevich matando instantáneamente al almirante Vitgeft y atascó el timón de la nave induciéndole un viraje de doce grados. El resto de la escuadra siguió al buque insignia sin saber que se hallaba sin gobierno. El oficial al mando del Peresvet  tomó el mando de la escuadra pero un impacto japonés en el mástil de señales obligó a izar éstas en el puente, lo que las hizo poco visibles, lo que indujo el caos al no ser observadas por muchos de los navíos.

En este punto la batalla se hizo caótica, ya que simultáneamente el acorazado ruso Retvizan abandonó la formación y cargó contra la línea japonesa disparando todas sus piezas, pese a que se encontraba dañado y escorado en la zona de popa. Los cruceros acorazados japoneses hicieron varios impactos en el buque ruso, uno de los cuales hirió gravemente a su comandante, quien moriría posteriormente de resultas de las heridas recibidas en el combate. El Retvizan viró tendiendo una cortina de humo y salvando con su maniobra al buque insignia. 

Sin embargo, con la línea rota, muchas unidades con considerables daños, descabezada y bajo el acoso de la flota japonesa, la escuadra rusa viró y regresó a Port Arthur, dispersándose en el regreso. Cinco acorazados, un crucero y nueve destructores volvieron  a base. El Tsesarevich, el Askold, el Diana y el resto de los destructores se dirigieron a otros puertos siendo internados por las autoridades chinas, alemanas y francesas. Sólo el crucero Novik consiguió evadirse hacia el este, dar la vuelta al archipiélago nipón e intentar alcanzar Vladivostók, aunque no llegaría a conseguirlo, resultando dañado en un encuentro con cruceros japoneses, encallando en la isla de Sajalín. 

La batalla había durado seis horas de un furioso cañoneo. Se dispararon más de siete mil proyectiles de todos los calibres. Los marineros y artilleros rusos se mostraron muy capaces, y de hecho dañaron muy gravemente el Mikasa, golpeando contundentemente también al resto de  acorazados. De hecho las bajas japonesas, 330, fueron superiores a las rusas, 226. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico los japoneses obtuvieron una victoria al conseguir mantener el bloqueo, lo que los dejaba en buena posición respecto al resto de la campaña naval. Todavía quedaban sin embargo múltiples combates navales de importancia en el conflicto, que duraría hasta 1905.

Pero eso, una vez más, es otra historia...

P.D.: El buque insignia del almirante Togo a lo largo de toda la guerra, el Mikasa, se conserva hoy en día en Yokosuka, siendo el único acorazado pre-dreadnough que se conserva en el mundo.

Fuentes: wikipedia, russojapanesewar.com

sábado, 19 de junio de 2010

19 de junio de 1807: Batalla del monte Athos

Pese a lo que pudiese parecer al mencionar un monte en el nombre, el objeto de la presente efeméride fue una batalla naval que tuvo lugar en el marco de la guerra ruso-turca de 1806-1812. Este conflicto tuvo uno de sus ejes principales en la lucha por parte de Rusia por tener una salida al Mediterráneo a través de los Dardanelos,y ello llevó al enfrentamiento directo entre la flota rusa del Báltico, la del Mediterráneo y la flota turca. La primera de las flotas rusas resultó estar bastante poco preparada para el conflicto, de manera que fue la flota del Mediterráneo, bajo el mando del almirante Senyavin, la que llevaría el peso de las operaciones.

Los rusos habían planeado un ataque combinado a Constantinopla con ayuda de los británicos, pero éste no llegaría a tener lugar, y la flota inglesa sufriría un descalabro frente a las baterías costeras otomanas en un ataque en solitario, en lo que constituiría un sombrío antecedente de lo que estaba por venir un siglo más tarde en Gallipoli. Su comandante, el almirante John Darkworth, rehusaría seguir la campaña junto con Senyavin, prefiriendo retirarse a Malta, con lo que éste quedó en solitario al frente de las operaciones. estableciendo un bloqueo sobre las rutas comerciales desde la isla de Tenedos a la capital otomana que pronto provocó una gran carestía en la ciudad. Esto llevó a un primer intento turco de romper el bloqueo mediante un asalto a la isla apoyado por la flota turca fue rechazado con grandes pérdidas el 10 de mayo, pero la mayor parte de los buques otomanos consiguieron escapar.

La situación en Constantinopla se fue agravando y provocó la caída del Sultán Selim III, que fue sustituído por Mustafá IV, que inmediatamente ordenó otro asalto a Tenedos. Éste fue encargado al almirante Seyit-Ali. Así, el 16 de junio de 1807 la flota turca se hizo a la mar y desembarcó 6.000 hombres en Tenedos. La flota rusa contribuyó a la defensa terrestre hasta que se hizo necesario salir al encuentro de la escuadra turca, que fue interceptada a medio camino entre la isla de Lemnos y el monte Athos. Era el 19 de junio de 1807.

La flota turca estaba compuesta por nueve navíos de línea, cinco fragatas y cinco navíos menores, frente a los cuales Senyavin desplegó sus diez navíos de línea. Senyavin había observado en ocasiones anteriores que los turcos combatían de forma valiente y ordenada hasta que su buque insignia era capturado o hundido, así que dispuso de dos navíós de su escuadra atacasen a cada uno de los tres navíos insignia turcos. La línea turca quedó gravemente desbaratada cuando el Raphael ruso, de 80 cañones, la rompió cogiendo de enfilada al navío turco Messudie, de 120 cañones. A continuación consiguió dañar gravemente el navío Sed-Uhl-Bar, de 84 cañones, y una fragata, retirándose a continuación bajo el fuego del resto de la escuadra con 66 hombres muertos, entre ellos su capitán.

Sin embargo la flota turca estaba ya en franca retirada. con un navío capturado y varios otros gravemente dañados. Los navíos rusos empezaron una tenaz persecución que acabó con la quema de otro navío, junto con una fragata y una corbeta. En una batalla de aniquilación que se extendería hasta el 29 de junio, los turcos perdieron un tercio de su flota de combate.

Las victorias navales rusas fueron sin embargo superadas por su desgracia en tierra. El ejército ruso fue derrotado en la batalla de Friedland por napoleón, y el tratado de Tilsit de agosto de 1807 efectivamente sacaba a rusia de la órbita del mediterráneo, transfiriendo las islas jónicas y la zona de Qatar a Francia.

Fuentes: neva.ru

sábado, 15 de mayo de 2010

15 de mayo de 1905: Hundimiento del "Hatsuse"

El los albores del siglo XX, una nación que parecía anclada en la edad media protagonizó una de las mayores revoluciones económicas y sociales conocidas. El Japón imperial, una vez conseguida la unidad nacional y habiendo dejado de lado buena parte de sus tradiciones feudales, en pocos decenios llegó a ser una economía emergente de gran importancia y a retar a las potencias con las que sus fronteras en expansión toparon.

Ese fue el caso de la Rusia Zarista, una gran potencia europea con ambiciones en Asia y en el Pacífico. La colonización de Siberia y la construcción del Transiberiano hasta Vladivostok sólo eran una parte de los planes rusos, que incluían también la zona de Manchuria y Corea. Esto le llevaría de cabeza a chocar con el poder emergente nipón, que ambicionaba también dichas zonas. Ya con ocasión del tratado que puso fin a la primera guerra chino-japonesa, los rusos presionaron a las potencias europeas para que éstas convenciesen a Japón de renunciar a la cesión de Port Arthur a cambio de otras ventajas. La razón era evidente, Rusia quería ese puerto, abierto al Mar Amarillo, que al contrario que Vladivostok se encontraba libre de hielos todo el año. Así que ya en 1898 se llegó a un acuerdo (previa presencia de una potente flota rusa en dicho puerto) para la cesión de Port Arthur y de sus aguas a Rusia, que inmediatamente comenzó a fortificarlo y a construir un ferrocarril que lo uniese con el resto de dominios rusos.

Esta política expansionista del a priori gigante ruso llevó a la declaración de guerra por parte de Japón en 1904. El Zar Nicolás II, que siempre había usado la amenaza de guerra como su mejor baza, nunca pensó que los japoneses fuesen a recoger el guante. Pero Japón iba a demostrar que el código del Bushido tenía un excelente campo de aplicación en los conflictos modernos,y que las naciones jóvenes y dinámicas son realmente peligrosas como enemigos. Pese a contar con sólo seis acorazados en su flota, la armada japonesa, bajo el mando del almirante Togo se apresuró a bloquear Port Arthur y a la flota del Pacífico Rusa que se hallaba en su interior. Ello dió lugar a una serie de enfrentamientos inconclusivos entre la flota japonesa, la rusa y las baterías de costa que defendían el puerto. Sin embargo los dispositivos que se iban a cobrar el tributo más oneroso iban a ser las minas de uno y otro bando. el 12 de abril, una salida de dos acorazados rusos acabó en tragedia cuando ambos chocaron con minas, resultando en el hundimiento del buque insignia Petropavlosk. El almirante Makarov, al mando de la escuadra del Pacífico, se hundiría con él.

Un mes más tarde, el 15 de mayo de 1905, le llegaría el turno a los japoneses. Una escuadra al mando del almirante Nashiba, compuesta por los acorazados Hatsuse y Yashima, así como por el crucero Kasagi, se dirigió a Port Arthur para asegurar el bloqueo. sin embargo, cuando la escuadra enfiló una ruta paralela a la bocana, entró a toda máquina en un campo de minas tendido días antes por el minador ruso Amur. Los dos acorazados tocaron con sendas minas y el Hatsuse empezó a hundirse de proa. Cuando era socorrido por el Kasagi, tocó con un segundo artefacto que voló las cubiertas inferiores, hizo caer el mástil principal y las chimeneas. El buque se fue a pique en sólo un minuto y medio.

El almirante japonés y el capitán del buque pudieron ser rescatados, junto con 21 oficiales y 313 marineros. Otros 38 oficiales y 458 marineros no tuvieron tanta suerte. El otro acorazado, el Yashima, acabaría hundiéndose también mientras era remolcado a un puerto seguro.

Como curiosidad, la guerra ruso-japonesa empezó sin previa declaración de guerra, ya que el primer ataque a Port Arthur tuvo lugar tres horas antes de que el gobierno ruso recibiese la declaración. Algo que los estadounidenses deberían haberse anotado en algún sitio...