miércoles, 5 de mayo de 2010

5 de mayo de 1494: Colón descubre Jamaica

En su segundo viaje hacia el Nuevo Mundo, y tras el acontecimiento que supuso el descubrimiento de 1492 que cambió la historia para siempre, Cristóbal Colón, esta vez al mando de 17 barcos, volvió a cruzar el Atlántico en 1493 con el fin de descubrir, colonizar y, sobre todo, evangelizar.

Con alrededor de 1.200 personas a bordo, entre soldados, curas y civiles cargados de bártulos en busca de una nueva vida, la expedición pisó un elevado número de islas, y fue precisamente en La Española en donde le informaron de la existencia de Xaymaca (que en la lengua indígena quiere decir 'lugar del oro bendecido'). Un nombre demasiado atractivo como para ignorarlo.

Colón llegó a Jamaica un 5 de mayo de 1494, y nombró al lugar donde desembarcó Bahía de Santa Gloria por la hermosura del lugar, una llegada que, por otra parte, marcaría el exterminio de los habitantes de la isla, los Arawaks, explotados por los trabajos forzados y expuestos a las enfermedades que traían los españoles: los lamentables 'daños colaterales' de cualquier tipo de descubrimiento.

Además, Colón no se encontró ningún oro en la isla (ni los que le siguieron), y la convirtió en una especie de pequeño estado de su familia que hasta 1510 no contaría con un verdadero asentamiento español, Nueva Sevilla, lo que es conocido hoy por 'Spanish Town'.

martes, 4 de mayo de 2010

4 de mayo de 1869: la Batalla de Hakodate

Curiosamente el 4 de mayo es una fecha especialmente importante para la historia naval del Japón, ya que dos batallas de gran importancia empezaron en el mismo día pero, obviamente, en años muy diferentes.
Mientras que en 1942 tendría lugar la famosa Batalla del Mar del Coral, durante la Segunda Guerra Mundial y en donde por primera vez se producía una batalla en la que los enemigos no estaban a la vista (entraban de lleno en el marco bélico los portaaviones), casi un siglo antes tenía lugar la Batalla de la Bahía de Hakodate, un 4 de mayo de 1869.
Nos centraremos en esta última al ser menos conocida.

Durante la Guerra Boshin, parte de la flota del Shogunato de Tokugawa se había hecho fuerte en la isla de Hokkaido, donde habían formado la República de Ezo, más cerca de las antiguas tradiciones y en contra de la recién formada flota imperial japonesa, apoyada por fuerzas extranjeras y afín por tanto a su influencia.
La batalla tuvo lugar en la Bahía de Hakodate, al norte de Hokkaido.

Originalmente la fuerzas de la República de Ezo estaban formadas por ocho barcos de vapor: Kaiten, Banryu, Chiyodagata, Chogei, Kaiyo Maru, Kanrin Maru, Mikaho y Shinsoku.
Sin embaro, la flota llegaba a este enfrentamiento muy mermada tras la pérdida del Kaiyo Maru y el Shinsoku frente a Esashi. Además, el Kanrin Maru había sido apresado por las fuerzas imperiales tras haber quedado muy dañado por una tempestad.
En el bando imperial contaba con el acorazado Kotetsu, comprado a los Estados Unidos, además del Kasuga, Hyriu, Teibo, Yoharu y Moshun.
A pesar de que en un principio el entrenamiento y el poder naval de la República de Ezo era superior, la pérdida de sus dos naves mayores y la presencia del Kotetsu (encargado en un principio, y curiosamente, por los Tokugawa) desequilibró la balanza en favor de los imperiales.

El combate, que incluyó el desembarco de tropas en Hokkaido, duró varios días y fue dominado por las fuerzas imperiales, que finalmente consolidarían su dominio en esas aguas y acabaría con la República de Ezo para siempre.

Fuente: Wikipedia

lunes, 3 de mayo de 2010

3 de mayo de 1945: la tragedia del puerto de Lübeck.

Cuatro días después de que Adolf Hitler decidiera acabar con su vida de un disparo en la cabeza, los nazis se apresuraban en 'borrar las huellas' de su barbarie antes de su rendición oficial, en donde despuntaba por encima de todo el exterminio en masa de prisioneros en los campos de concentración.

Dado que la eliminación de todos ellos era demasiado lenta pues los aliados se encontraban ya en Berlín, los nazis decidieron embarcar a todos los prisioneros en grandes buques de transporte y hundirlos, ya que Heinrich Himmler, jefe de la SS, había dejado muy claro que no quería que quedara ninguno vivo.

Los que sobrevivieron a las 'caminatas de la muerte' desde los diferentes campos (por ellos los aliados, en su avance, se encontraron con que algunos estaban completamente vacíos, como el de Neungamme, el mayor de Alemania), en donde fueron sometido a todo tipo de vejaciones, torturados y asesinados durante el trayecto, llegaron al puerto de Lübeck, base alemana en el Báltico. Allí fueron embarcados en el buque de pasajeros Deutschland, el carguero Thielbek y el transatlántico de lujo Cap Arcona.

Después de sufrir las inclemencias a las que le sometieron los alemanes, hacinados en camarotes, sin apenas comida y bebida, mientras seguían siendo maltratados y asesinados a la espera de encontrar la forma de partir de puerto para ser hundidos (el Cap Arcona tenía un problema en la hélice y estaba casi inservible), encontrarían un final más trágico si cabe el 3 de mayo de 1945, cuando la RAF bombardeó el puerto y los barcos alemanes.

El ataque de los Typhoon ingleses fue rápido y letal. Los prisioneros que no murieron quemados o ahogados con el hundimiento de los barcos perecerían en las frías aguas del Báltico, muchos de ellos masacrados sin compasión por los cañones de 20 mm de los aviones ingleses que, obviamente, no conocían la verdadera naturaleza de las personas a las que estaban matando. Lo que sí es cierto es que 7.500 prisioneros de 28 nacionalidades diferentes fueron asesinados en media hora durante la incursión aérea.

Durante los años sesenta el mar Báltico continuó arrojando cadáveres a las costas, y con los ingleses que aún mantienen un hosco silencio (los archivos de la RAF no se harán públicos hasta 2045) sobre lo sucedido.

Fuente e imagen: Wikipedia.

domingo, 2 de mayo de 2010

2 de mayo de 1866: Combate del Callao

Dentro del marco de la guerra hispano-sudamericana de 1866, conocida en España como Guerra del Pacífico, la escuadra comandada por el almirante Casto Méndez Núñez atacó el 2 de mayo el puerto de Callao, en Perú.

La fuerza de choque española estuvo formada por la fragata blindada Numancia (buque insignia y en donde enarbolaba su insignia Méndez Núñez), las fragatas de hélice Blanca, Resolución, Berenguela, Villa de Madrid y Almansa, además de la corbeta Vencedora.
Por su parte, la costa peruana estaba defendida por 69 cañones, en donde destacaban cuatro Armstrong de 300 libras y cinco Blakely de 500.

Tras un encarnizado combate, y a pesar de que oficialmente la victoria fue para la escuadra española, existe cierta incertidumbre, ya que cada bando se consideró vencedor y no faltaron las celebraciones.
Los españoles fundamentaron su victoria en que ninguna de sus naves fue hundida, mientras que los peruanos argumentan que sus baterías no fueron silenciadas y que dispararon hasta el final.

La cifra de bajas también baila según el punto de vista desde donde se mire, ya que mientras por parte española se habla de unos 65 muertos y 99 heridos (en donde hay que incluir al propio Méndez Núñez), por parte peruana se duda entre 200 hasta 2.000 muertos.

Fuente e imágenes: Wikipedia.

sábado, 1 de mayo de 2010

1 de mayo de 1898: Batalla de Cavite

Tras la declaración de guerra por parte de EE.UU. a España, el 25 de abril de 1898, con el pretexto de la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, las miras de la estrategia americana no se centraron únicamente en la apetecida isla de Cuba, sino en todos los dominios transatlánticos españoles. De hecho, el primer acto de la tragedia de 1898 tendría lugar en el archipiélago de las Filipinas.

Las fuerzas navales españolas presentes en aquel teatro no eran despreciables, pero estaban orientadas fundamentalmente a la constante lucha contra la piratería en aquellas aguas. Además, el apostadero de Manila, que era la principal base operativa, se había quedado obsoleto, y en consecuencia, las principales unidades de la escuadra estaban pendientes de grandes obras y en un estado de mantenimiento lamentable. Al mando del apostadero de Filipinas y por tanto de las fuerzas navales allí desplegadas se encontraba el Contraalmirante Patricio Montojo y Pasarón.


La escuadra estaba compuesta por el crucero protegido Princesa Cristina; Los cruceros de segunda clase Isla de Cuba e Isla de Luzón; El crucero protegido Castilla; y los cruceros Don Antonio Ulloa, Don Juan de Austria y Velasco. No eran malos buques, y estaban aproximadamente a la mitad de su vida activa, pero su estado de conservación era pésimo y el entrenamiento de sus tripulaciones también dejaba mucho que desear. Para completar el panorama, las defensas costeras de las bases españolas estaban en un estado similar a los buques, incluso había baterías costeras dotadas de cañones de avancarga, claramente obsoletos, y de ninguna utilidad.


Así, Montojo sabía que no tenía nada que hacer en un combate abierto contra la escuadra asiática estadounidense, bajo el mando del Comodoro George Dewey, y a la que conocía bien dada la frecuente coincidencia de buques de ambas nacionalidades en puertos como Hong Kong antes de la guerra. Esta escuadra, que sería la que combatiría en Cavite, estaba compuesta por seis buques, de ellos cuatro cruceros protegidos y dos cañoneros, y su principal baza frente a la escuadra española era su superioridad en piezas de gran calibre (203 mm.) de las cuales los buques españones no contaban con ninguna, y la mejor calidad de sus piezas de calibre medio y tiro rápido, así como unas tripulaciones más entrenadas y unos buques modernos y en buen estado.

La escuadra americana estaría por tanto compuesta por los cruceros Olympia, Baltimore, Raleigh y Petrel, y por los cañoneros Concord y Boston. Y pese a lo comentado anteriormente, las diferencias a priori entre esta escuadra y la española no hacían presagiar un desenlace tan claro.


Tras la declaración de guerra, Montojo solicitó refuerzos para su escuadra, que nunca se materializaron, y dado el estado de sus buques optó por esperar el ataque americano, que tuvo lugar el 1 de mayo de 1898, tras haber pasado la escuadra estadounidense inadvertida frente a la isla de Corregidor la noche anterior.


Montojo tenía sus buques fondeados frente a Cavite, deficientemente cubiertos por las escasas baterías costeras de la zona. Así que Dewey atacó en línea realizando sucesivas pasadas frente a los buques fondeados mientras se iba acercando, llegando a ser la distancia final de combate inferior a los 2.000 metros. La táctica española se limitó a contestar al fuego mientras se intentaba cubrir al insignia Cristina para que éste lanzase un ataque con torpedos, pero la intensidad del fuego americano lo impidió.


Pese a todo, tras haber gastado la mitad de sus municiones, la escuadra estadounidense no había conseguido grandes daños, debido principalmente a la escasa precisión de su tiro. Sólo en los cruceros Cristina y Castilla los daños eran cuantiosos y muy graves las pérdidas, pese a lo cual ambos buques continuaban a flote. Sin embargo, Montojo no albergaba ninguna duda sobre el resultado final, y en una orden que se podría calificar de muchas cosas pero desde luego no de excesivo arrojo o heroísmo, mandó quitar los cierres de las piezas y abrir las válvulas de fondo para hundir los navíos donde estaban. Dewey, encantado, volvió a la carga aniquilando lo que quedaba a flote.


Las pérdidas españolas ascendieron a 60 muertos, ente ellos el comandante del Cristina, y 193 heridos. Las pérdidas oficiales estadounidenses fueron de 1 muerto y 15 heridos, aunque versiones de terceros países sostienen que las pérdidas totales estuvieron entre 50 y 60 hombres entre muertos y heridos.


Lo cierto es que fue una victoria absoluta de las fuerzas estadounidenses, y un pésimo presagio para lo que estaba por venir. Borrada del mapa la escuadra española, el hilo que unía a la metrópoli con su territorio de ultramar más alejado estaba roto, y por tanto éste irremisiblemente perdido, más pronto que tarde, como la realidad se esforzaría en demostrar.