martes, 31 de diciembre de 2013

10 de agosto de 1904: Batalla del Mar Amarillo

Nos ocupamos hoy para concluir el año de un episodio de la guerra ruso-japonesa de 1904, que supondría
el primer enfrentamiento a gran escala entre acorazados de hierro, de los llamados pre-dreadnought. 

La armada imperial rusa contaba con una considerable potencia en el pacífico, pero su flota estaba dividida entre los apostaderos de Vladivostók y de Port Arthur. La flota japonesa, mandada por el que posteriormente sería elevado a la categoría de mito almirante Heihachiro Togo, alineaba un sorprendente número de grandes unidades, muchas de ellas construidas en terceros países dada la escasa capacidad de la incipiente industria naval nipona a principios del siglo XX. No en vano, apenas cincuenta años antes Japón era un país anclado en un aislacionismo feroz y en plena edad media. El fulminante ascenso y desarrollo económico japonés tendría su primera prueba de fuego en el conflicto con Rusia, toda una potencia europea. La victoria japonesa en este conflicto supondría la primera vez que un país asiático prevalecía frente a los hasta entonces todopoderosos países occidentales.

En todo caso, Japón consiguió hacerse con una considerable armada y con unas tripulaciones excelentemente entrenadas. El primer paso tras el inicio de las hostilidades fue el bloqueo por parte japonesa de los dos principales fondeaderos de la escuadra rusa, lo que marcaría el desarrollo del conflicto, conflicto que por cierto empezó con un ataque sin previo aviso con torpedos por parte japonesa a la flota rusa en Port Arthur, algo de lo que hubiesen debido tomar buena nota los estadounidenses...

Por parte rusa, los esfuerzos se centrarían en unir sus escuadras para poder reunir una fuerza equiparable a la nipona para un enfrentamiento directo. Así, se decidió trasladar a la flota del Báltico para equilibrar las fuerzas. El periplo de esta flota que tuvo que dar la vuelta al mundo para alcanzar su destino merecería por si sola una efeméride. 

Pero nos situamos en agosto de 1804, en Port Arthur. El almirante ruso al mando de la primera escuadra del pacífico, Wilgelm Vitgeft, no era favorable a una salida de puerto, algo en lo que disentía del Virrey. Éste último consiguió sumar a su causa al Zar y así el almirante recibió la orden imperial directa de realizar una salida en fuerza con el objetivo de alcanzar Vladivostok. 

La escuadra que se hizo a la mar en el amanecer del 10 de agosto de 1904 estaba compuesta por los acorazados Tsesarevich, Retvizan, Pobeda, Peresvet, Sevastopol y Poltava, los cruceros acorazados Askold, Diana, Novik y Pallada y catorce destructores. Por parte japonesa, Togo izaba su insignia en el acorazado Mikasa, junto con el que participaron en el enfrentamiento los acorazados Asashi, Fuji y Shikishima, los cruceros acorazados Nisshin y Kasuga, ocho cruceros protegidos, dieciocho destructores y treinta lanchas torpederas.

A las doce y media de la mañana ambas flotas se avistaron a la altura de Encounter Rock. Al mismo tiempo se incorporaba desde el sur el almirante japonés Dewa con otros cuatro cruceros, pero la flota rusa maniobró hábilmente y consiguió esquivar el movimiento de pinza nipón. Los buques de Togo sin embargo cerraron distancias y cuando se hallaban a ocho millas se rompió el fuego, siendo esta una distancia inaudita dado que los telémetros sólo tenían un rango de seis millas, pero los proyectiles de la artillería de 305 mm, los más pesados, alcanzaban bastante más lejos. En todo caso el buque insignia ruso Tsesarevich recibió doce impactos, pero el fuego ruso machacó al Mikasa, destruyendo el equipo de radio de Togo y obligándolo a maniobrar para reducir su exposición e incorporar más fuerzas a lo que ya era una persecución. 

El fuego japonés se centró en el buque ruso más atrasado, el acorazado Poltava, que apenas podía mantener el andar del resto de la escuadra, unos catorce nudos, pero éste devolvió el fuego junto con otros buques y castigó duramente de nuevo al Mikasa y al Asashi, que tuvieron que romper el contacto aprovechando su mayor velocidad. Tal y como se desarrollaba la batalla y con el crepúsculo acercándose, parecía que la flota rusa iba a conseguir forzar su salida. Su artillería se estaba empeñando con dureza y precisión, obligando a los cruceros japoneses a mantenerse a distancia y devolviendo contundentes golpes a los acorazados de Togo. La artillería japonesa, sin embargo, tenía ciertos problemas relacionados con la calidad de sus proyectiles, lo que inutilizó parte de su artillería más pesada. Sin embargo una de esas andanadas supuso un golpe de suerte ya que impactó directamente en el puente del Tsesarevich matando instantáneamente al almirante Vitgeft y atascó el timón de la nave induciéndole un viraje de doce grados. El resto de la escuadra siguió al buque insignia sin saber que se hallaba sin gobierno. El oficial al mando del Peresvet  tomó el mando de la escuadra pero un impacto japonés en el mástil de señales obligó a izar éstas en el puente, lo que las hizo poco visibles, lo que indujo el caos al no ser observadas por muchos de los navíos.

En este punto la batalla se hizo caótica, ya que simultáneamente el acorazado ruso Retvizan abandonó la formación y cargó contra la línea japonesa disparando todas sus piezas, pese a que se encontraba dañado y escorado en la zona de popa. Los cruceros acorazados japoneses hicieron varios impactos en el buque ruso, uno de los cuales hirió gravemente a su comandante, quien moriría posteriormente de resultas de las heridas recibidas en el combate. El Retvizan viró tendiendo una cortina de humo y salvando con su maniobra al buque insignia. 

Sin embargo, con la línea rota, muchas unidades con considerables daños, descabezada y bajo el acoso de la flota japonesa, la escuadra rusa viró y regresó a Port Arthur, dispersándose en el regreso. Cinco acorazados, un crucero y nueve destructores volvieron  a base. El Tsesarevich, el Askold, el Diana y el resto de los destructores se dirigieron a otros puertos siendo internados por las autoridades chinas, alemanas y francesas. Sólo el crucero Novik consiguió evadirse hacia el este, dar la vuelta al archipiélago nipón e intentar alcanzar Vladivostók, aunque no llegaría a conseguirlo, resultando dañado en un encuentro con cruceros japoneses, encallando en la isla de Sajalín. 

La batalla había durado seis horas de un furioso cañoneo. Se dispararon más de siete mil proyectiles de todos los calibres. Los marineros y artilleros rusos se mostraron muy capaces, y de hecho dañaron muy gravemente el Mikasa, golpeando contundentemente también al resto de  acorazados. De hecho las bajas japonesas, 330, fueron superiores a las rusas, 226. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico los japoneses obtuvieron una victoria al conseguir mantener el bloqueo, lo que los dejaba en buena posición respecto al resto de la campaña naval. Todavía quedaban sin embargo múltiples combates navales de importancia en el conflicto, que duraría hasta 1905.

Pero eso, una vez más, es otra historia...

P.D.: El buque insignia del almirante Togo a lo largo de toda la guerra, el Mikasa, se conserva hoy en día en Yokosuka, siendo el único acorazado pre-dreadnough que se conserva en el mundo.

Fuentes: wikipedia, russojapanesewar.com

lunes, 11 de noviembre de 2013

9 de agosto de 1780. Batalla del cabo de Santa María

Nos detenemos hoy en un suceso acaecido con ocasión de la llamada Guerra de Independencia de los Estados Unidos o Revolución Americana. No es precisamente muy comentado que el punto de inflexión de este conflicto surgido entre Inglaterra y sus colonias de ultramar vino marcado por el reconocimiento internacional a las colonias y la posterior declaración de guerra a los ingleses que las otras potencias del momento, Francia y España, llevaron a cabo. De los esfuerzos de Benjamin Franklin frente a la corte del rey Luis XVI surgió un apoyo financiero y económico que desembocaría en un conflicto abierto que acabaría por asestar el golpe más contundente dado al imperio británico durante el siglo XVIII.

Francia y España tenían viejas cuentas por saldar con Inglaterra. Hacía relativamente poco de la guerra de
los siete años, transcurrida entre 1756 y 1763, en la que Francia e Inglaterra se habían enfrentado precisamente en norteamérica, conflicto que desembocó en la pérdida de toda presencia francesa en Canadá, y en la que surgió la figura de un oficial de milicias de Virginia llamado George Washington. En cuanto a España, estaba vinculada con Francia por los pactos de familia, y hacía también poco de la llamada guerra de la oreja de Jenkins, entre 1739 y 1748, en la que habían intervenido precisamente tropas de las colonias norteamericanas bajo el mando del hermanastro de George Washington, Lawrence. Además España también se vería involucrada en la guerra de los siete años a partir de 1761. Como se ve, todos eran viejos conocidos y este conflicto no era sino una continuación de todos los que se habían dado a lo largo del siglo entre Inglaterra como potencia naval emergente y los reinos de España y Francia, que en esta época aún eran capaces, combinando sus fuerzas, de disputar la supremacía naval con garantías de éxito. 

De modo que en 1778 primero Francia y posteriormente España, en virtud de nuevo de los pactos de familia bajo el reinado de Carlos III, se involucraron de lleno en el conflicto, abriendo frentes en todas partes. Ataques a Gibraltar, a Menorca, a las posesiones inglesas de la india  y del Caribe, así como el envío de flotas en apoyo de los rebeldes de las colonias y el acoso a la navegación inglesa en todos los frentes constituyeron el empuje principal de la ofensiva llevada a cabo por una Royale marine francesa y una armada española que por una vez contaban con buques, mandos y tripulaciones entrenadas y a la altura de las circunstancias. 

De esta forma, en 1779, una escuadra combinada bajo el mando del almirante Louis Guillouet, conde de Orvilliers, y del jefe de escuadra español D. Luis de Cordoba, sembró el pánico en la propia costa inglesa al poner en fuga a la flota del canal, capturando al navío de línea HMS Ardent. No se llegó a desembarcar sin embargo debido a las dudas del francés y a una epidemia que se declaró en la escuadra. Sin embargo la población inglesa quedó impresionada y presionaría para que su armada defendiese de forma más cerrada sus costas, lo cual tendría una consecuencia inesperada. 

Así, el verano de 1780, un enorme convoy de 55 mercantes armados se aprestaba para llevar pertrechos y refuerzos tanto a las posesiones de la India como a la zona de combate en las trece colonias. El plan era que el convoy efectuaría la primera parte de la singladura unido y posteriormente se dividiría en dos. La flota del canal de la Mancha debía darle escolta hasta que alcanzase la seguridad de las rutas oceánicas, pero cumpliendo las órdenes recibidas del almirantazgo, la escuadra de escolta abandonaría al convoy a la altura de Galicia, regresando a patrullar las costas británicas ante la amenaza de la escuadra de Brest. El convoy continuaría bajo la escolta de un navío de línea y dos fragatas, alejando su derrota de las costas portuguesas y españolas para evitar encuentros desagradables. 

Con lo que no contaban los británicos es con que en aquella época el Conde de Floridablanca, Secretario de Estado de Carlos III y hombre fuerte de su gobierno, contaba con un excelente servicio de inteligencia que lo previno de la salida del convoy y de su derrota. La información fue remitida con toda celeridad a la escuadra que en aquellos momentos patrullaba el estrecho de Gibraltar, bajo el mando de nuevo de D. Luis de Córdoba, con 27 navíos de línea españoles y varias fragatas, a la que se acababa de unir una flotilla francesa de nueve navíos de línea y una fragata. De esta forma, esta poderosa escuadra se mantuvo patrullando en la zona del cabo de Santa María a la espera de su presa.

De esta forma, en la madrugada del 8 al 9 de agosto de 1780, a bordo del Santísima Trinidad, buque insignia de la escuadra, se avista un cañonazo lejano a barlovento. Cordoba presume acertadamente que se trata de una de las fragatas que ha mandado en misión de descubierta y vira en dirección a la señal. Cuando amanece, un bosque de velas se percibe, todas ellas con rumbo hacia la escuadra. Esta extraña circunstancia venía dada porque Cordoba mantuvo un fanal encendido sobre sus mástiles toda la noche, y el convoy inglés lo confundió con una señal de su navío de escolta, dirigiéndose a su encuentro y echandose por lo tanto en brazos de su enemigo. Verificada la identidad de unos y otros, el convoy intenta dispersarse mientras Cordoba iza la señal de "caza general". Las rápidas fragatas seguidas por los pesados navíos de línea consiguen en menos de doce horas capturar 52 buques de los 55 que componían el convoy. Sólo escapa la escolta, del navío de línea Ramillies y dos fragatas, que por tener los fondos forrados de cobre consiguen poner distancia con sus perseguidores. Esta ventaja técnica del forro de cobre habría de permitir a los navíos ingleses mantener cierta ventaja sobre sus homólogos francoespañoles, habilitándoles para romper el contacto con los navíos enemigos casi a voluntad,  hasta que esta solución fue aplicada también por estos.

A medida que las presas van llegando a Cádiz, se toma conciencia de las dimensiones de la captura. no sólo los buques y tripulantes, sino también todos los suministros y refuerzos. Las mercancías transportadas se valoran en 600.000 libras de la época, se capturan 80.000 mosquetes, equipo necesario para vestir y abastecer a doce regimientos de infantería, y más de 3.000 prisioneros, entre ellos 1.400 infantes y oficiales destinados a ultramar. Además, se capturan fondos por más de 1.000.000 de libras que transportaban los buques. Es la pérdida más sensible soportada por los ingleses hasta el siglo XX. Los navíos capturados suman 37 fragatas, 9 bergantines y 9 paquebotes, con un total de 294 cañones. Tres de las fragatas pasarán a servir como fragatas de guerra con la Armada Española, bajo los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula.

Así se cerró tal episodio, que pese a que efectivamente no se produjo combate de entidad, pasó a ser conocido como la Batalla del Cabo de Santa María. Tal circunstancia se presta a confusión, ya que posteriormente otro combate pasaría a ser conocido con el mismo nombre. Pero eso, una vez más, es otra historia...




Fuentes: Wikipedia, todoababorDescripción del apresamiento del gran convoy inglés en 1780 por la escuadra combinada de España y Francia al mando del general don Luis de Córdoba. La revista militar: periódico de arte, ciencia y literatura militar, Volumen 8, 1851

Imagen: "El Santísima Trinidad navegando con una escuadra española" Pintura de Carlos Parrilla Penagos, publicada en todoababor. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

8 de agosto de 1588: Batalla de Gravelinas

Marca la efeméride de hoy el punto álgido de la campaña naval de Felipe II contra Inglaterra que llegaría a ser conocida como "La Armada Invencible", pese a que nunca se la nombró así en las crónicas de los Austrias ni fue conocida por tal nombre, sino como "La Felicísima Armada". 

Se han vertido ríos de tinta sobre estos hechos y sus causas. Lo cierto es que lo vasto del imperio de los Austrias lo convierte en la potencia del momento a lo largo del siglo XVI, y también en el enemigo a batir. En cuanto a Inglaterra, su reforzado poder real empieza a concentrarse ya con Enrique VIII en formar una poderosa armada, beneficiándose de una guerra de corso y disimulada contra las comunicaciones transoceánicas del Imperio español. A la rivalidad económica y la lucha por la preponderancia en Europa se le suma, como no, el problema religioso ante una corona como la hispánica que se erige en protectora de la ortodoxia de la iglesia católica frente a las corrientes reformistas que se declaran en centroeuropa, con el protestantismo, y en Inglaterra, con la iglesia anglicana, desembocando en un cisma y un antagonismo que durará siglos. La situación se enquista aún más bajo el reinado de Isabel I, y los acontecimientos derivarán en una guerra abierta.
Sin embargo entre el germen de la idea y su ejecución pasan varios años, debido a los múltiples compromisos bélicos en otros frentes a los que debe hacer frente Felipe II, y a sus propias dudas. A esto se suma el ataque preventivo a Cádiz y la costa portuguesa que efectúa Francis Drake en 1587, y cuyo principal objetivo es destruir los buques en construcción y los bastimentos que ya se estaban preparando para la empresa, Éste, Francis Drake, John Hawkins, Martin Frobisher y sobre todo el Lord Almirante de Inglaterra, Charles Howard, Conde de Nottingham serán los principales mandos ingleses que se enfrentarán a la Armada . Los principales estrategas por parte Imperial son D. Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, marino experimentadísimo que apostaba por una empresa que implicase un asalto directo de la flota desde la península ibérica, y D. Alejandro Farnesio, Gobernador y Capitán General de los Países Bajos, que abogaba por un asalto sorpresa mediante un cruce nocturno del canal con buques de poco calado. 

Finalmente se optó por una decisión intermedia, que intentaba aprovechar el potencial de las tropas de tierra de Farnesio, un ejército muy experimentado y superior en teoría a lo que pudieran poner frente a él los ingleses una vez desembarcado. Para ello una heterogénea y enorme fuerza naval para la época zarparía de la península, recogería a las tropas de Farnesio en Flandes y cruzaría el Canal para desembarcarlas en la isla. Por lo tanto el objetivo de la empresa desde el punto de vista naval no fue tanto batir a la flota enemiga sino completar la singladura y efectuar el cruce. El plan exigía un alto nivel de coordinación, y a sus dificultades naturales se sumaba la heterogénea fuerza naval, ya que en la época no se había estandarizado un navío de guerra unificado, sino que las flotas se componían de buques muy diversos, muchos de ellos mercantes armados, que sumaban  sus fuerzas a navíos más orientados a misiones de combate. Además la flota reflejaba la disparidad de escenarios en los que debía desempeñarse el imperio de los Austrias, ya que a los galeones de guerra y naves de alto bordo que predominaban en el escenario atlántico se sumaron  también galeazas, pataches y buques diseñados para operar en el mediterráneo, y consecuentemente poco preparados para los temporales del mar del norte. Así, finalmente se apresta la flota en 1588 en el puerto de Lisboa para  iniciar la empresa.

Es en ese momento cuando la empresa ya sufre su primera pérdida sensible incluso antes de partir. El marqués de Santa Cruz, Don Álvaro de Bazán, fallece privando a la armada del mando más cualificado desde el punto naval que disponía Felipe II. Se hará cargo de la expedición D. Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, Duque de Medina Sidonia, quien cargaría con la responsabilidad del desempeño de una misión terriblemente dificultosa, y a quien la historia ha tratado de manera en cierta forma injusta.

Finalmente se aprestan 130 buques mayores, entre ellos 65 galeones de guerra. Una fuerza sin duda impresionante y bien artillada, aunque su desempeño en combate se vería comprometido por simultanear el transporte de munición, tropas y material para la expedición de Farnesio. Una intervención destacada era el contingente que aportaba el Reino de Portugal, que por aquel entonces formaba parte del imperio de Felipe II y contaba con un buen número de buques y marinos curtidos en la navegación atlántica. En total más de treinta mil hombres tripulan la Armada, cuando parte de Lisboa a finales de mayo. No tarda en encontrar problemas con vientos contrarios y mal tiempo, aparte de problemas con el suministro de agua. De este modo entra el La Coruña el 19 de julio, se reconcentra y parte el 22 de ese mes hacia el Canal de la Mancha. A finales de mes, frente a la costa Sur de Inglaterra a la que debe acercarse buscando vientos favorables, la Armada es avistada por los ingleses, frente al puerto de Plymouth. La flota inglesa se concentraba en el puerto, y se hubiese visto en un aprieto si Medina Sidonia hubiese atacado, ya que contaba con el viento a favor y espacio para maniobrar frente a un enemigo confinado. Sin embargo el Duque se ciñó al plan poniendo proa al canal para cumplir el objetivo principal, embarcar a las tropas en la costa de Zeelandia, en los Países Bajos.  El primer contacto tendrá lugar el 31 de julio, de forma tímida aunque la Armada perderá dos galeones, uno en un abordaje y otro al estallar su santabárbara de forma accidental.

Sin noticias de Farnesio y en constante combate, la flota fondea en Calais. Allí es donde, en la noche del 7 al 8 de agosto de 1588, los ingleses bajo el mando de John Hawkins lanzarán ocho brulotes en llamas hacia la flota. Muchos navíos se ven obligados a picar los cables de sus anclas y el amanecer sorprende a la flota dispersa, con algunos buques aún anclados y otros derivando peligrosamente hacia la costa llena de bancos de arena. Aprovechando esta circunstancia, dado que hasta entonces los de Medina Sidonia habían mantendio una eficaz formación defensiva, Los ingleses lanzan un ataque en profundidad y comienza la que recibiría el nombre de Batalla de Gravelinas. Los combates se sucedieron, y el mayor alcance y capacidad de maniobra de los buques británicos iba a toparse con la robustez y tenacidad en la defensa mostrada por los navíos imperiales. El galeón de Medina Sidonia, al principio casi solo y después reuniendo a su alrededor unas 40 naves, aguanta el empuje de más de un centenar de navíos ingleses mientras el resto deriva hacia la costa. Sin resultados definitivos en el combate y gracias a que el viento roló inesperadamente, el día se cierra con la pérdida de sólo un galeón hundido en combate y otro perdido sobre los bajos de la costa.

Sin embargo la Batalla de Gravelinas marca el enfrentamiento más violento de la campaña. Pese a no haber derrotado a la flota enemiga, los ingleses han conseguido su objetivo. La armada deriva hacia el norte arrastrada por los vientos y corrientes, falta de municiones, víveres y con un enorme número de buques dañados por el combate. No podrá encontrarse con Farnesio.

La única ruta practicable con el régimen de vientos y corrientes imperante es dirigirse al norte, pasar alrededor de Escocia e irlanda y bajar atravesando el Golfo de Vizcaya. En este periplo es donde la Armada recibirá los mayores daños. Un buen número de  buques no aguantará la travesía y naufragará en costas irlandesas. La flota irá arribando a diferentes puertos del norte peninsular. Medina Sidonia desembarcará en Santander gravemente enfermo el 30 de septiembre.

Pese a la leyenda, la derrota de la Armada no fue ni mucho menos definitiva. Los últimos datos apuntan a que no se perdieron más de 35 buques por todas las causas, y muy pocos de los robustos galeones. Muchos otros quedaron gravemente dañados, pero Felipe II siguió teniendo capacidad para defender de forma eficaz tanto sus costas como el nexo transatlántico con las colonias tan importante para su Imperio. 10.000 hombres dejarían sus vidas en la empresa. Aún habría sin embargo otros dos intentos de repetirla.

Los ingleses por su parte pagaron un oneroso tributo por su victoria. Una epidemia de tifus, los combates y los naufragios en el marco de la campaña provocarían aproximadamente el mismo número de bajas que en el adversario.

Al año siguiente, Francis Drake se pondría al mando de la llamada "contraarmada" dirigiendo un ataque dirigido a saquear las costas portuguesas, y en especial Lisboa, atacando asimismo las concentraciones de buques enemigos en puerto para rematar el trabajo. Esta expedición llevaría a Drake a atacar La Coruña y de la misma no le quedaría muy buen recuerdo al antiguo corsario inglés, pero eso, una vez más, es otra historia...

Fuentes: wikipedia, todoababor

lunes, 19 de noviembre de 2012

7 de agosto de 1942: Invasión de Guadalcanal

No parece posible alejarse en las últimas efemérides del escenario de la campaña del pacífico de la II guerra mundial. Esto es perfectamente comprensible dada la entidad del choque y la importancia de las flotas que se enfrentaron, además de que su relativa cercanía en el tiempo ha permitido un pormenorizado estudio y documentación.

Sea como fuere, la efeméride de esta jornada nos vuelve a remitir a las disputadas aguas de las islas Salomón, esta vez para ocuparnos de los compases inciales de la campaña que significaría, tras la batalla de Midway, la consolidación del cambio de tendencia en el desarrollo del conflicto hacia la supremacía aliada. La desesperada lucha de desgaste de las fuerzas aeronavales que se llevó a cabo en las aguas que rodean Guadalcanal le ganaría el sobrenombre a la zona de "iron botton sound" al brazo de mar entre la isla de Savo y Guadalcanal llamado "The slot", por la cantidad de buques que fueron hundidos en tales aguas.

El detonante de la campaña fue la construcción de un aeródromo por parte de los japoneses en la isla de Guadalcanal, junto con la ubicación de una base de hidroaviones de la marina imperial en la cercana isla de Tulagi. La posición de las Salomón cortaba la ruta que conectaba Australia con la costa oeste de los EE.UU., y al mismo tiempo ofrecía para los aliados una ruta de asalto al perímetro defensivo japonés en el pacífico desde el flanco Sur. En todo caso no podía consentirse que los japoneses consolidasen su presencia en Guadalcanal.

El plan de invasión fue concebido por el almirante Ernest King, comandante en jefe de la flota de los Estados Unidos. La operación, con el nombre en clave "Operación Watchtower" implicaba el asalto a Tulagi, Guadalcanal, Gavutu y Tanambogo por parte de la primera división de marines, comandada por el general Alexander Vandergrift. La división todavía estaba bastante fresca del entrenamiento y su equipo estaba en curso de modernización. Además, la necesidad de llevar a cabo la operación antes de que el aeródromo se completase y la guarnición japonesa, por aquel entonces escasa, se reforzase, hizo que los suministros y municiones apenas alcanzasen a los previstos para 10 días de campaña.

El componente naval de la operación sumaba 75 buques, bajo el mando del vicealmirante Frank Fletcher, mientras el contraalmirante Richmond K. Turner mandaba las fuerzas anfibias. Por su parte los japoneses sólo contaban en la zona con los grupos de trabajo del aeródromo en Guadalcanal, y menos de 900 hombres del personal adscrito a la base de hidroaviones de Tulagi. 

Amparados en un frente de mal tiempo, la fuerza expedicionaria aliada llegó por sorpresa a las aguas de las Salomón el 7 de agosto de 1942. El ataque se produjo en dos ejes, con una fuerza atacando Tulagi, Florida y otras islas menores mientras otra se encargaba de Guadalcanal. Los defensores de Tulagi lucharon hasta el último hombre y fueron prácticamente aniquilados, en una primera muestra que se convertiría en la norma en los desembarcos de la campaña del Pacífico. En Guadalcanal, el desembarco encontró escasa resistencia, y los marines se hicieron con el fundamental control del aeródromo, que sería rebautizado como Henderson Field en honor a un piloto de los marines muerto durante la batalla de Midway.

Este éxito inicial fue seguido por la inevitable reacción japonesa. bombarderos con base en Rabaul empezaron sus ataques contra la flota de invasión casi inmediatamente. A lo largo del día 7 y al día siguiente se produjeron violentos ataques con el hundimiento de un transporte y daños en un destructor. En tierra, los marines consolidaban sus posiciones. Pero en el mar se mascaba la tragedia. Preocupado por el estado de combustible y municiones de sus buques, así como por las fuertes pérdidas que estaba encajando su componente aéreo, Fletcher decidió retirar su flota de la zona de las Salomón, privando con ello a la fuerza anfibia de cobertura aérea. Ello decidió a su vez a Turner a retirarse cuando todavía no se habían descargado todos los transportes. Turner planeaba descargar el resto más tarde antes de retirarse de la zona. Como veremos en efemérides venideras, ese plan se vería alterado drásticamente. La reacción japonesa no acababa sino de empezar. 

La batalla por las Salomón y en concreto por la isla de Guadalcanal, pese al rápido establecimiento y aparente prevalencia de las fuerzas aliadas en la zona, se prolongaría hasta febrero del año 1943, ocho meses de intensos combates en una jungla malsana y un gran número de choques aeronavales y batallas navales de gran importancia que impondrían un desgaste enorme a ambos bandos. 

Pero eso, una vez  más, será otra historia...

fuentes: exordio.com y wikipedia.

miércoles, 22 de agosto de 2012

6 de agosto de 1943: Batalla del Golfo de Vella

Una de las grandes sorpresas de la segunda guerra mundial, que pasa desapercibida desde el punto de vista actual, fue en su día el nivel técnico y profesional que había alcanzado la marina imperial japonesa. Esto se debió en buena medida a un absurdo sentimiento de superioridad de las potencias occidentales sobre un imperio que estimaban atrasado y sumido en un semifeudalismo. En este sentido, la derrota aplastante de la flota rusa a manos de la japonesa en la guerra de 1904-1905, que ya hemos tocado tangencialmente en este blog y sobre la que volveremos, debiera haber convencido al mundo de que Japón tenía una sólida y moderna doctrina naval.

Sin embargo, lo cierto es que antes de Pearl Harbor se consideraba que si bien Japón tenía una flota considerable, ésta podía ser contrarrestada por la flota del pacífico estadounidense sin problemas. Sin embargo en los primeros meses de la guerra, se mostró como un instrumento de guerra afinadísimo e hiperentrenado y motivado, arrasando todo a su paso. Este instrumento se basaba en varios campos pioneros. Uno, el más conocido, era su fuerza de portaaviones y sus correspondientes fuerzas aeronavales, muy superiores en doctrina y táctica a sus homólogas. Otro pilar, del que nos ocupamos hoy, era una fuerza moderna de destructores y cruceros equipados con torpedos de largo alcance, los denominados "Long Lance" o type 93, considerado el mejor torpedo de su tiempo. Los destructores japoneses desarrollaron una depurada técnica de combate nocturno con torpedos que les reportó numerosas victorias. Sólo la introducción del radar y de tácticas adecuadas por parte de los estadounidenses pudo equilibrar la balanza, tras una serie de calamitosas derrotas.

Pues bien, la efeméride que nos ocupa hoy fue la primera ocasión en la que los estadounidenses pudieron plantear una batalla a la marina imperial japonesa en su campo, es decir, un combate nocturno entre flotillas de destructores al torpedo y cañón, y ganarla claramente. Esta aseveración, sin embargo, como veremos, no refleja la realidad pura y dura, ya que la flotilla japonesa no iba en patrulla de combate, sino en misión de transporte, y fue objeto de una bien planificada emboscada. Sin embargo, ello no obsta al hecho de que la U.S. Navy fue capaz de organizar y ejecutar una operación nocturna de destructores casi perfecta utilizando tácticas ajenas con el inestimable añadido del radar.

Ya nos hemos ocupado con anterioridad del llamado "Tokio Express", las flotillas de destructores empleadas para abastecer a las tropas japonesas en las Salomón desde Rabaul. Estos buques, en rápidas operaciones nocturnas, eran muy difíciles de interceptar, pero también era cuestión de tiempo que al fin la trampa se cerrase sobre ellos. A finales de julio y principios de agosto de 1943, el Tokio Express" había realizado tres "correrías" exitosas, pero las cosas empezaban a complicarse. En el último de esos transportes, del 1 de agosto, 15 lanchas torpederas PT habían intentado sin éxito emboscar a la flotilla japonesa, resultando una de ellas, la PT 109, hundida al ser embestida por el destructor Amagiri, como ya reflejamos en su día. Ante las urgentes necesidades de la guarnición de la isla de Kolombangara, el alto mando Japonés ordenó otra operación repitiendo la misma ruta por cuarta vez para llevar 950 hombres y suministros a la isla, pese a las reticencias del oficial al mando de la flotilla. 

De esta forma, en la noche del 6 de agosto de 1943, los destructores Hagikaze, Arashi, Shigure y Kawakaze (éste último sustituía al Amagiri, dañado por el abordaje a la PT 109), partieron hacia Kolombangara. Contrariamente a las ocasiones anteriores, en las que uno de los destructores actuaba como piquete de descubierta sin transportar tropas, esta vez todos iban cargados. Por lo tanto, ninguno de los destructores actuaba como buque de combate puro, y encima se repetía la ruta de las tres últimas ocasiones. Fue la receta para el desastre. 

No hubiese sido así si la U.S. Navy hubiese mantenido su nivel de ineficiencia demostrado en la anterior salida, pero esta vez, para variar, la empresa de interceptar al express se asignó a una fuerza pura de destructores. El alto mando americano no confiaba en absoluto en este sistema, pero la falta de una fuerza de cruceros disponible dejaba ésta como única opción. De esta forma, los destructores USS Dunlap, Craven, Maury, Lang, Sterett y Stark, al mando del capitán Frederick Moosbrugger, se dirigieron al golfo de Vella divididos en dos grupos. Uno tenía la misión de atacar con torpedos y el otro de cruzar la línea tras el ataque y cañonear al enemigo. Para no delatar su posición en espera con el radar encendido, Moosbrugger ordenó que no se abriese fuego de cañón hasta que los torpedos estuviesen alcanzando su objetivo. Se afinaron las espoletas y la profundidad de recorrido de los torpedos, equipados con una nueva cabeza explosiva. Los tubos lanzatorpedos fueron cubiertos con paneles para que no se produjesen flashes delatores al dispararlos. Nada se dejó al azar. Cuando se recibió el parte de un avión de reconocimiento avistando la flotilla japonesa, los dos grupos tomaron posiciones entre el rumbo previsto del enemigo y tierra firme, enmascarando su posición contra el horizonte en una noche sin luna, y esperaron. 

A las 23:33 horas se produjo el primer contacto radar, que se tradujo claramente en 4 marcas. Todos los buques fueron avisados. La flotilla se desplegó y a las 23:41 Moosbrugger ordenó abrir fuego. 24 torpedos entraron en el agua en un lanzamiento de libro. A las 23:43 un vigía del Shigure da la alarma, pero ya es tarde. Este destructor, con las calderas en mal estado, se había rezagado en la formación, y eso contribuyo a salvarlo. a las 23:45 una serie de fogonazos anunciaron que 7 de los torpedos habían encontrado su blanco. El Shigure también fue alcanzado, pero era su día de suerte. El torpedo no explotó, perforando limpiamente la hoja del timón. El destructor japonés lanzó casi a ciegas una contrasalva de torpedos y se retiró. Los otros tres buques ardían como teas, mientras atraían el fuego de cañón del segundo grupo estadounidense.

Los destructores de Moosbrugger se acercaron a intentar socorrer a los soldados y marineros japoneses que se debatían en el agua, pero éstos rehusaron ser rescatados, lo que se tradujo en la muerte de más de 1.000 hombres, la mayor parte ahogados. Casi trescientos alcanzaron la costa a nado y se incorporaron a la defensa de la isla, sólo para ser evacuados al poco tiempo.

De modo que, finalmente, los estadonidenses habían cazado al Tokio Express. No sería sin embargo el último coletazo del "Long Lance". Pero eso, una vez más, será otra historia...

Fuentes: Wikipedia, Destroyer History Foundation.