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miércoles, 21 de octubre de 2015

18 de agosto de 1944. El submarino USS Rasher torpedea y hunde el portaaviones japonés Taiyo

En esta singladura que en la que llevamos ya un tiempo embarcados, hemos podido comprobar en nuestra búsqueda de historias relacionadas con una fecha concreta que así como hay fechas en las que los acontecimientos navales con relevancia histórica se acumulan, dando lugar a la eterna duda sobre cual de ellas incluir en la entrada, hay otras fechas en las que la búsqueda se resiente y parece que la historia naval ha querido esquivar ese día en concreto a lo largo de la historia, o que los acontecimientos que localizamos no tienen la importancia necesaria, a nuestro criterio, como para dedicarle una entrada al lado del descubrimiento de América o el naufragio del Titanic

Eso me pasó durante tiempo con esta entrada, hasta que finalmente me decidí por un acontecimiento de corte algo menor de lo acostumbrado, pero que permite tocar un tema interesante desde el punto de vista naval, como es la paulatina introducción de los portaaviones en la guerra naval hasta alcanzar la preeminencia que tienen hoy en día.  Así, nos detenemos hoy en el hundimiento, por parte de un submarino estadounidense, del portaaviones de la armada imperial japonesa Taiyo

El Taiyo, como muchos de sus congéneres japoneses, no nació como portaaviones, sino como transatlántico, bajo el nombre de Katsuga Maru. este fenómeno, es decir, la adaptación de buques existentes para convertirlos en portaaviones, fue un hecho muy común en los años previos a la segunda guerra mundial y se agudizó con el desarrollo del conflicto. Esto se debió esencialmente a las dudas que se le plantearon a los diferentes estrategas navales de cara a dotar de preeminencia a un tipo de buque nuevo y a un nuevo modelo de guerra naval, íntimamente asociado con un arma relativamente nueva como era el uso del avión en combate, algo que ahora tomamos por descontado pero que en los años 30 y 40 del siglo pasado era una verdadera revolución todavía en pañales. A los distintos estados mayores navales de las potencias de entonces, les costó en buena medida deshacerse del concepto de gran batalla naval entre buques capitales, por entonces los acorazados, estrategia con siglos de antigüedad y que se basaba en el choque entre líneas de grandes buques lo más artillados y protegidos posible. De hecho los acorazados seguían usando el concepto de "navío de línea" derivado de los grandes enfrentamientos navales de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Sin embargo, un nuevo concepto se iba introduciendo con desigual intensidad en las diferentes armadas, y era la utilización de las posibilidades que brindaban los nuevos aviones en cuanto a reconocimiento, exploración y, a medida que los aviones fueron mejorando sus capacidades, de ataque a distancias antes desconocidas. De esta manera, durante los años 20 y 30 se da una progresiva entrada en servicio de buques destinados a este rol, en principio adaptados de cascos de otra clase de buques. 

Una de las naciones que antes vio el potencial de esta nueva arma y doctrina fue Japón. Con área de expansión territorial enorme, y por su carácter insular, Japón pese a ser una nación relativamente nueva en el contexto internacional, se dotó desde el principio de una armada de gran potencia y un cuerpo de oficiales y mandos de élite dinámicos y competentes que abrazaron el nuevo concepto que además les permitía mejorar sus capacidades dentro de las limitaciones que para el tonelaje de buques de guerra impuso el tratado naval de Washington. De esta forma, en 1940 la flota imperial japonesa alineaba 10 portaaviones, casi todos ellos de gran tamaño, adaptaciones de cascos de acorazados o cruceros de batalla. Para hacernos una idea, en enero del 1940 la Royal Navy británica, que llevaba 3 meses ya en guerra, sólo alineaba 5 portaaviones de flota, todos ellos adaptados de cruceros de batalla fuera de servicio. Y los EE.UU. otros 5, aunque estos diseñados como tales, y de mayor capacidad y prestaciones que sus congéneres japoneses. 

El estallido y desarrollo de la segunda guerra mundial, sin embargo, evidenció enseguida que los portaaviones se habían convertido en el buque principal de una flota, desplazando de ese papel a los acorazados, y todas las potencias participantes se apresuraron a poner en grada el mayor número de portaaviones y a adaptar otros buques para su uso como tales.

Japón no fue una excepción. Y el estallido de la guerra en el pacífico en diciembre de 1941, con las consecuentes pérdidas en combate y la necesidad de intentar mantener una potente flota frente a la enorme capacidad industrial estadounidense, hizo que la armada imperial buscase dotarse de forma rápida de mayor número de buques de cubierta plana. Así, se escogieron tres buques de pasajeros y se modificaron para su uso como portaaviones ligeros. Uno de ellos, todavía en construcción, se convertiría en el Taiyo. Con mucha menor capacidad que los grandes buques de su clase, sucesivas reformas lo llevaron a embarcar 27 aviones, si bien con ciertas limitaciones dado que en principio no se le instaló sistema alguno de de cables de frenado ni catapultas para las operaciones aéreas. Tampoco tenía la usual "isla" que asociamos con cualquier portaaviones.

El uso principal de estos portaaviones ligeros sería en principio el entrenamiento y el transporte de aviones a las distintas guarniciones japonesas del Pacífico y el Índico, dado que su escasa velocidad máxima les impedía operar junto con el resto de la flota. Durante el transcurso de estas misiones, el Taiyo fue atacado en repetidas ocasiones por submarinos estadounidenses. Así, entre su entrada en servicio en septiembre de 1941 y septiembre de 1943 fue torpedeado en tres ocasiones, volviendo al servicio activo las tres veces. No tuvo tanta suerte el buque de su misma clase IJN Chuyo, torpedeado y hundido por un submarino en diciembre de 1943.



En 1944, la situación de Japón se había vuelto acuciante. Por un lado la racha de derrotas sufridas desde la batalla de Midway por la armada imperial japonesa y por otra el ataque implacable de los submarinos estadounidenses a la navegación mercante estaban contribuyendo a estrangular el esfuerzo de guerra y condenando a la población al hambre. En este último aspecto, los japoneses demostraron una menor capacidad que sus enemigos para organizar y escoltar los convoyes de mercantes de los que dependía Japón para importar materias primas del inmenso imperio que había conquistado en los primeros seis meses de guerra. La flota mercante nipona, que no era especialmente numerosa, sufrió pérdidas devastadoras a manos de los cada vez más numerosos submarinos.

Esto hizo que se tomase la decisión de destinar al Taiyo y al otro portaaviones ligero de su misma clase que quedaba, el Unyo, a labores de escolta y protección de convoyes, para lo que fueron incluso dotados de lanzadores de cargas de profundidad, algo inusitado en un portaaviones.

No sirvió de mucho. El Taiyo fue torpedeado por cuarta vez en su carrera el 18 de agosto de 1944 por el submarino USS Rasher cuando escoltaba a un convoy que se dirigía a Manila, a la altura del cabo Bolinao, Luzón. Los depósitos de combustible de aviación estallaron y el buque se fue a pique en sólo 26 minutos. Menos de 100 tripulantes de los 727 que embarcaba sobrevivieron.

En el momento del hundimiento del Taiyo, el portaaviones había ganado definitivamente la partida, convirtiéndose por derecho propio en el navío insignia y fundamental de cualquier flota, capaz de desplegar un poder destructivo mucho mayor que el acorazado a distancias enormes. Las batallas navales se libraban en ocasiones entre flotas distantes que no llegaban nunca a verse, y mucho menos dispararse al cañón. Hubo grandes combates entre acorazados, desde luego, pero cada vez menos, y el poder aéreo aplicado a la guerra naval había llegado para quedarse. Los posteriores portaaviones serían ya todos diseñados como tales y destinados al principal lugar en las flotas de combate.

Fuentes: Wikipedia, historyofwar.org, navsource.org; Jane's fighting ships 1941.

martes, 31 de diciembre de 2013

10 de agosto de 1904: Batalla del Mar Amarillo

Nos ocupamos hoy para concluir el año de un episodio de la guerra ruso-japonesa de 1904, que supondría
el primer enfrentamiento a gran escala entre acorazados de hierro, de los llamados pre-dreadnought. 

La armada imperial rusa contaba con una considerable potencia en el pacífico, pero su flota estaba dividida entre los apostaderos de Vladivostók y de Port Arthur. La flota japonesa, mandada por el que posteriormente sería elevado a la categoría de mito almirante Heihachiro Togo, alineaba un sorprendente número de grandes unidades, muchas de ellas construidas en terceros países dada la escasa capacidad de la incipiente industria naval nipona a principios del siglo XX. No en vano, apenas cincuenta años antes Japón era un país anclado en un aislacionismo feroz y en plena edad media. El fulminante ascenso y desarrollo económico japonés tendría su primera prueba de fuego en el conflicto con Rusia, toda una potencia europea. La victoria japonesa en este conflicto supondría la primera vez que un país asiático prevalecía frente a los hasta entonces todopoderosos países occidentales.

En todo caso, Japón consiguió hacerse con una considerable armada y con unas tripulaciones excelentemente entrenadas. El primer paso tras el inicio de las hostilidades fue el bloqueo por parte japonesa de los dos principales fondeaderos de la escuadra rusa, lo que marcaría el desarrollo del conflicto, conflicto que por cierto empezó con un ataque sin previo aviso con torpedos por parte japonesa a la flota rusa en Port Arthur, algo de lo que hubiesen debido tomar buena nota los estadounidenses...

Por parte rusa, los esfuerzos se centrarían en unir sus escuadras para poder reunir una fuerza equiparable a la nipona para un enfrentamiento directo. Así, se decidió trasladar a la flota del Báltico para equilibrar las fuerzas. El periplo de esta flota que tuvo que dar la vuelta al mundo para alcanzar su destino merecería por si sola una efeméride. 

Pero nos situamos en agosto de 1804, en Port Arthur. El almirante ruso al mando de la primera escuadra del pacífico, Wilgelm Vitgeft, no era favorable a una salida de puerto, algo en lo que disentía del Virrey. Éste último consiguió sumar a su causa al Zar y así el almirante recibió la orden imperial directa de realizar una salida en fuerza con el objetivo de alcanzar Vladivostok. 

La escuadra que se hizo a la mar en el amanecer del 10 de agosto de 1904 estaba compuesta por los acorazados Tsesarevich, Retvizan, Pobeda, Peresvet, Sevastopol y Poltava, los cruceros acorazados Askold, Diana, Novik y Pallada y catorce destructores. Por parte japonesa, Togo izaba su insignia en el acorazado Mikasa, junto con el que participaron en el enfrentamiento los acorazados Asashi, Fuji y Shikishima, los cruceros acorazados Nisshin y Kasuga, ocho cruceros protegidos, dieciocho destructores y treinta lanchas torpederas.

A las doce y media de la mañana ambas flotas se avistaron a la altura de Encounter Rock. Al mismo tiempo se incorporaba desde el sur el almirante japonés Dewa con otros cuatro cruceros, pero la flota rusa maniobró hábilmente y consiguió esquivar el movimiento de pinza nipón. Los buques de Togo sin embargo cerraron distancias y cuando se hallaban a ocho millas se rompió el fuego, siendo esta una distancia inaudita dado que los telémetros sólo tenían un rango de seis millas, pero los proyectiles de la artillería de 305 mm, los más pesados, alcanzaban bastante más lejos. En todo caso el buque insignia ruso Tsesarevich recibió doce impactos, pero el fuego ruso machacó al Mikasa, destruyendo el equipo de radio de Togo y obligándolo a maniobrar para reducir su exposición e incorporar más fuerzas a lo que ya era una persecución. 

El fuego japonés se centró en el buque ruso más atrasado, el acorazado Poltava, que apenas podía mantener el andar del resto de la escuadra, unos catorce nudos, pero éste devolvió el fuego junto con otros buques y castigó duramente de nuevo al Mikasa y al Asashi, que tuvieron que romper el contacto aprovechando su mayor velocidad. Tal y como se desarrollaba la batalla y con el crepúsculo acercándose, parecía que la flota rusa iba a conseguir forzar su salida. Su artillería se estaba empeñando con dureza y precisión, obligando a los cruceros japoneses a mantenerse a distancia y devolviendo contundentes golpes a los acorazados de Togo. La artillería japonesa, sin embargo, tenía ciertos problemas relacionados con la calidad de sus proyectiles, lo que inutilizó parte de su artillería más pesada. Sin embargo una de esas andanadas supuso un golpe de suerte ya que impactó directamente en el puente del Tsesarevich matando instantáneamente al almirante Vitgeft y atascó el timón de la nave induciéndole un viraje de doce grados. El resto de la escuadra siguió al buque insignia sin saber que se hallaba sin gobierno. El oficial al mando del Peresvet  tomó el mando de la escuadra pero un impacto japonés en el mástil de señales obligó a izar éstas en el puente, lo que las hizo poco visibles, lo que indujo el caos al no ser observadas por muchos de los navíos.

En este punto la batalla se hizo caótica, ya que simultáneamente el acorazado ruso Retvizan abandonó la formación y cargó contra la línea japonesa disparando todas sus piezas, pese a que se encontraba dañado y escorado en la zona de popa. Los cruceros acorazados japoneses hicieron varios impactos en el buque ruso, uno de los cuales hirió gravemente a su comandante, quien moriría posteriormente de resultas de las heridas recibidas en el combate. El Retvizan viró tendiendo una cortina de humo y salvando con su maniobra al buque insignia. 

Sin embargo, con la línea rota, muchas unidades con considerables daños, descabezada y bajo el acoso de la flota japonesa, la escuadra rusa viró y regresó a Port Arthur, dispersándose en el regreso. Cinco acorazados, un crucero y nueve destructores volvieron  a base. El Tsesarevich, el Askold, el Diana y el resto de los destructores se dirigieron a otros puertos siendo internados por las autoridades chinas, alemanas y francesas. Sólo el crucero Novik consiguió evadirse hacia el este, dar la vuelta al archipiélago nipón e intentar alcanzar Vladivostók, aunque no llegaría a conseguirlo, resultando dañado en un encuentro con cruceros japoneses, encallando en la isla de Sajalín. 

La batalla había durado seis horas de un furioso cañoneo. Se dispararon más de siete mil proyectiles de todos los calibres. Los marineros y artilleros rusos se mostraron muy capaces, y de hecho dañaron muy gravemente el Mikasa, golpeando contundentemente también al resto de  acorazados. De hecho las bajas japonesas, 330, fueron superiores a las rusas, 226. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico los japoneses obtuvieron una victoria al conseguir mantener el bloqueo, lo que los dejaba en buena posición respecto al resto de la campaña naval. Todavía quedaban sin embargo múltiples combates navales de importancia en el conflicto, que duraría hasta 1905.

Pero eso, una vez más, es otra historia...

P.D.: El buque insignia del almirante Togo a lo largo de toda la guerra, el Mikasa, se conserva hoy en día en Yokosuka, siendo el único acorazado pre-dreadnough que se conserva en el mundo.

Fuentes: wikipedia, russojapanesewar.com

lunes, 19 de noviembre de 2012

7 de agosto de 1942: Invasión de Guadalcanal

No parece posible alejarse en las últimas efemérides del escenario de la campaña del pacífico de la II guerra mundial. Esto es perfectamente comprensible dada la entidad del choque y la importancia de las flotas que se enfrentaron, además de que su relativa cercanía en el tiempo ha permitido un pormenorizado estudio y documentación.

Sea como fuere, la efeméride de esta jornada nos vuelve a remitir a las disputadas aguas de las islas Salomón, esta vez para ocuparnos de los compases inciales de la campaña que significaría, tras la batalla de Midway, la consolidación del cambio de tendencia en el desarrollo del conflicto hacia la supremacía aliada. La desesperada lucha de desgaste de las fuerzas aeronavales que se llevó a cabo en las aguas que rodean Guadalcanal le ganaría el sobrenombre a la zona de "iron botton sound" al brazo de mar entre la isla de Savo y Guadalcanal llamado "The slot", por la cantidad de buques que fueron hundidos en tales aguas.

El detonante de la campaña fue la construcción de un aeródromo por parte de los japoneses en la isla de Guadalcanal, junto con la ubicación de una base de hidroaviones de la marina imperial en la cercana isla de Tulagi. La posición de las Salomón cortaba la ruta que conectaba Australia con la costa oeste de los EE.UU., y al mismo tiempo ofrecía para los aliados una ruta de asalto al perímetro defensivo japonés en el pacífico desde el flanco Sur. En todo caso no podía consentirse que los japoneses consolidasen su presencia en Guadalcanal.

El plan de invasión fue concebido por el almirante Ernest King, comandante en jefe de la flota de los Estados Unidos. La operación, con el nombre en clave "Operación Watchtower" implicaba el asalto a Tulagi, Guadalcanal, Gavutu y Tanambogo por parte de la primera división de marines, comandada por el general Alexander Vandergrift. La división todavía estaba bastante fresca del entrenamiento y su equipo estaba en curso de modernización. Además, la necesidad de llevar a cabo la operación antes de que el aeródromo se completase y la guarnición japonesa, por aquel entonces escasa, se reforzase, hizo que los suministros y municiones apenas alcanzasen a los previstos para 10 días de campaña.

El componente naval de la operación sumaba 75 buques, bajo el mando del vicealmirante Frank Fletcher, mientras el contraalmirante Richmond K. Turner mandaba las fuerzas anfibias. Por su parte los japoneses sólo contaban en la zona con los grupos de trabajo del aeródromo en Guadalcanal, y menos de 900 hombres del personal adscrito a la base de hidroaviones de Tulagi. 

Amparados en un frente de mal tiempo, la fuerza expedicionaria aliada llegó por sorpresa a las aguas de las Salomón el 7 de agosto de 1942. El ataque se produjo en dos ejes, con una fuerza atacando Tulagi, Florida y otras islas menores mientras otra se encargaba de Guadalcanal. Los defensores de Tulagi lucharon hasta el último hombre y fueron prácticamente aniquilados, en una primera muestra que se convertiría en la norma en los desembarcos de la campaña del Pacífico. En Guadalcanal, el desembarco encontró escasa resistencia, y los marines se hicieron con el fundamental control del aeródromo, que sería rebautizado como Henderson Field en honor a un piloto de los marines muerto durante la batalla de Midway.

Este éxito inicial fue seguido por la inevitable reacción japonesa. bombarderos con base en Rabaul empezaron sus ataques contra la flota de invasión casi inmediatamente. A lo largo del día 7 y al día siguiente se produjeron violentos ataques con el hundimiento de un transporte y daños en un destructor. En tierra, los marines consolidaban sus posiciones. Pero en el mar se mascaba la tragedia. Preocupado por el estado de combustible y municiones de sus buques, así como por las fuertes pérdidas que estaba encajando su componente aéreo, Fletcher decidió retirar su flota de la zona de las Salomón, privando con ello a la fuerza anfibia de cobertura aérea. Ello decidió a su vez a Turner a retirarse cuando todavía no se habían descargado todos los transportes. Turner planeaba descargar el resto más tarde antes de retirarse de la zona. Como veremos en efemérides venideras, ese plan se vería alterado drásticamente. La reacción japonesa no acababa sino de empezar. 

La batalla por las Salomón y en concreto por la isla de Guadalcanal, pese al rápido establecimiento y aparente prevalencia de las fuerzas aliadas en la zona, se prolongaría hasta febrero del año 1943, ocho meses de intensos combates en una jungla malsana y un gran número de choques aeronavales y batallas navales de gran importancia que impondrían un desgaste enorme a ambos bandos. 

Pero eso, una vez  más, será otra historia...

fuentes: exordio.com y wikipedia.

miércoles, 22 de agosto de 2012

6 de agosto de 1943: Batalla del Golfo de Vella

Una de las grandes sorpresas de la segunda guerra mundial, que pasa desapercibida desde el punto de vista actual, fue en su día el nivel técnico y profesional que había alcanzado la marina imperial japonesa. Esto se debió en buena medida a un absurdo sentimiento de superioridad de las potencias occidentales sobre un imperio que estimaban atrasado y sumido en un semifeudalismo. En este sentido, la derrota aplastante de la flota rusa a manos de la japonesa en la guerra de 1904-1905, que ya hemos tocado tangencialmente en este blog y sobre la que volveremos, debiera haber convencido al mundo de que Japón tenía una sólida y moderna doctrina naval.

Sin embargo, lo cierto es que antes de Pearl Harbor se consideraba que si bien Japón tenía una flota considerable, ésta podía ser contrarrestada por la flota del pacífico estadounidense sin problemas. Sin embargo en los primeros meses de la guerra, se mostró como un instrumento de guerra afinadísimo e hiperentrenado y motivado, arrasando todo a su paso. Este instrumento se basaba en varios campos pioneros. Uno, el más conocido, era su fuerza de portaaviones y sus correspondientes fuerzas aeronavales, muy superiores en doctrina y táctica a sus homólogas. Otro pilar, del que nos ocupamos hoy, era una fuerza moderna de destructores y cruceros equipados con torpedos de largo alcance, los denominados "Long Lance" o type 93, considerado el mejor torpedo de su tiempo. Los destructores japoneses desarrollaron una depurada técnica de combate nocturno con torpedos que les reportó numerosas victorias. Sólo la introducción del radar y de tácticas adecuadas por parte de los estadounidenses pudo equilibrar la balanza, tras una serie de calamitosas derrotas.

Pues bien, la efeméride que nos ocupa hoy fue la primera ocasión en la que los estadounidenses pudieron plantear una batalla a la marina imperial japonesa en su campo, es decir, un combate nocturno entre flotillas de destructores al torpedo y cañón, y ganarla claramente. Esta aseveración, sin embargo, como veremos, no refleja la realidad pura y dura, ya que la flotilla japonesa no iba en patrulla de combate, sino en misión de transporte, y fue objeto de una bien planificada emboscada. Sin embargo, ello no obsta al hecho de que la U.S. Navy fue capaz de organizar y ejecutar una operación nocturna de destructores casi perfecta utilizando tácticas ajenas con el inestimable añadido del radar.

Ya nos hemos ocupado con anterioridad del llamado "Tokio Express", las flotillas de destructores empleadas para abastecer a las tropas japonesas en las Salomón desde Rabaul. Estos buques, en rápidas operaciones nocturnas, eran muy difíciles de interceptar, pero también era cuestión de tiempo que al fin la trampa se cerrase sobre ellos. A finales de julio y principios de agosto de 1943, el Tokio Express" había realizado tres "correrías" exitosas, pero las cosas empezaban a complicarse. En el último de esos transportes, del 1 de agosto, 15 lanchas torpederas PT habían intentado sin éxito emboscar a la flotilla japonesa, resultando una de ellas, la PT 109, hundida al ser embestida por el destructor Amagiri, como ya reflejamos en su día. Ante las urgentes necesidades de la guarnición de la isla de Kolombangara, el alto mando Japonés ordenó otra operación repitiendo la misma ruta por cuarta vez para llevar 950 hombres y suministros a la isla, pese a las reticencias del oficial al mando de la flotilla. 

De esta forma, en la noche del 6 de agosto de 1943, los destructores Hagikaze, Arashi, Shigure y Kawakaze (éste último sustituía al Amagiri, dañado por el abordaje a la PT 109), partieron hacia Kolombangara. Contrariamente a las ocasiones anteriores, en las que uno de los destructores actuaba como piquete de descubierta sin transportar tropas, esta vez todos iban cargados. Por lo tanto, ninguno de los destructores actuaba como buque de combate puro, y encima se repetía la ruta de las tres últimas ocasiones. Fue la receta para el desastre. 

No hubiese sido así si la U.S. Navy hubiese mantenido su nivel de ineficiencia demostrado en la anterior salida, pero esta vez, para variar, la empresa de interceptar al express se asignó a una fuerza pura de destructores. El alto mando americano no confiaba en absoluto en este sistema, pero la falta de una fuerza de cruceros disponible dejaba ésta como única opción. De esta forma, los destructores USS Dunlap, Craven, Maury, Lang, Sterett y Stark, al mando del capitán Frederick Moosbrugger, se dirigieron al golfo de Vella divididos en dos grupos. Uno tenía la misión de atacar con torpedos y el otro de cruzar la línea tras el ataque y cañonear al enemigo. Para no delatar su posición en espera con el radar encendido, Moosbrugger ordenó que no se abriese fuego de cañón hasta que los torpedos estuviesen alcanzando su objetivo. Se afinaron las espoletas y la profundidad de recorrido de los torpedos, equipados con una nueva cabeza explosiva. Los tubos lanzatorpedos fueron cubiertos con paneles para que no se produjesen flashes delatores al dispararlos. Nada se dejó al azar. Cuando se recibió el parte de un avión de reconocimiento avistando la flotilla japonesa, los dos grupos tomaron posiciones entre el rumbo previsto del enemigo y tierra firme, enmascarando su posición contra el horizonte en una noche sin luna, y esperaron. 

A las 23:33 horas se produjo el primer contacto radar, que se tradujo claramente en 4 marcas. Todos los buques fueron avisados. La flotilla se desplegó y a las 23:41 Moosbrugger ordenó abrir fuego. 24 torpedos entraron en el agua en un lanzamiento de libro. A las 23:43 un vigía del Shigure da la alarma, pero ya es tarde. Este destructor, con las calderas en mal estado, se había rezagado en la formación, y eso contribuyo a salvarlo. a las 23:45 una serie de fogonazos anunciaron que 7 de los torpedos habían encontrado su blanco. El Shigure también fue alcanzado, pero era su día de suerte. El torpedo no explotó, perforando limpiamente la hoja del timón. El destructor japonés lanzó casi a ciegas una contrasalva de torpedos y se retiró. Los otros tres buques ardían como teas, mientras atraían el fuego de cañón del segundo grupo estadounidense.

Los destructores de Moosbrugger se acercaron a intentar socorrer a los soldados y marineros japoneses que se debatían en el agua, pero éstos rehusaron ser rescatados, lo que se tradujo en la muerte de más de 1.000 hombres, la mayor parte ahogados. Casi trescientos alcanzaron la costa a nado y se incorporaron a la defensa de la isla, sólo para ser evacuados al poco tiempo.

De modo que, finalmente, los estadonidenses habían cazado al Tokio Express. No sería sin embargo el último coletazo del "Long Lance". Pero eso, una vez más, será otra historia...

Fuentes: Wikipedia, Destroyer History Foundation.

jueves, 4 de noviembre de 2010

21 de julio de 1944: Comienza la invasión de Guam



Tras las largas y penosas luchas por Guadalcanal y las Salomón, la campaña de las Marianas de 1944 representó un salto adelante en el asalto al cinturón defensivo japones durante la campaña del pacífico de la segunda guerra mundial. Con bases en las islas marianas, los norteamericanos rompían por su centro el anillo exterior defensivo conquistado por los japoneses en 1942 y amenazaban al mismo Japón, mientras una segunda rama de la ofensiva se centraba en alcanzar las filipinas por el sur. De todos los objetivos en las Marianas, el más tentador era el de Guam, la isla más grande del archipiélago, tomado por los estadounidenses a España en 1898. Por tanto, en el caso de Guam, los americanos luchaban por reconquistar su propio suelo.

En principio la invasión, cubierta por una enorme flota de apoyo, estaba prevista para el 18 de junio, tres días después de la invasión de Saipan, la otra posición clave del archipiélago. Sin embargo estos cálculos se revelaron optimistas por dos factores: La guarnición de Saipan era mayor de lo esperado y opuso una fiera resistencia, y por otro lado el asalto a su cinturón defensivo provocó la reacción de la Kido Butai o flota combinada Japonesa, que planteó batalla en lo que se convertiría en el "tiro al Pato" de las marianas.

Por ello, la invasión se retrasó un mes y pico, hasta que el 21 de julio de 1944 los marines asaltaron simultáneamente ambas partes de la península de Orote, en Guam, tras un bombardeo aéreo y naval masivo. La resistencia fue notable pero ambas cabezas de playa se consolidaron. Los japoneses lanzaron múltiples contraataques, sobre todo mediante técnicas de infiltración nocturna, pero fueron rechazados con graves pérdidas. Sin suministros ni municiones y tras perder a su general al mando, los japoneses se retiraron a las alturas del centro de la isla, y posteriormente hacia el centro de la misma. Como de costumbre, prefirieron morir a caer prisioneros. A principios de agosto la resistencia efectiva había cesado. Los japoneses habían perdido más de 18.000 muertos, y tan sólo 480 fueron hechos prisioneros. Las pérdidas norteamericanas fueron de 1.747 muertos y 6.053 heridos.

Un hecho curioso que daría lugar a muchas leyendas, con un gran trasfondo de verdad como se verá, fue la existencia de combatientes japoneses aislados en la jungla que no se enteraron del fin de la guerra. En Guam, poco después del final de la guerra, tres marines americanos fueron emboscados por supervivientes japoneses y muertos, pero sin duda lo más espectacular fue cuando en 1972 unos cazadores encontraron en una cueva en medio de la selva de Guam al sargento del ejército imperial Shoichi Yokoi. había sobrevivido en aquel medio manteniendo su particular estado de guerra durante 27 años.

Los norteamericanos construyeron tres grandes bases aéreas en Guam, además de almacenes de suministros y bases navales y de submarinos. Desde esas bases, los bombarderos pesados B-29 podían alcanzar las islas del archipiélago Japonés. La campaña de bombardeo americana devolvería a Japón al medievo. El mismo Enola Gay despegaría de Tinian, en las Marianas, rumbo a Hiroshima.

Fuentes: Wikipedia.


miércoles, 11 de agosto de 2010

16 de julio de 1945. Comienza la última singladura del USS "Indianapolis"

El USS Indianapolis Era un crucero de la clase Portland de la marina de los EE.UU. Uno de tantos en 1945, ya que por aquel entonces la marina imperial japonesa ya había sido definitivamente derrotada, y la U.S. Navy se había convertido en un mastodonte con miles de buques en servicio, que contaba sus portaaviones y buques capitales por docenas, y cuyo principal objetivo en aquel mes de julio de 1945 sería preparar las futuras operaciones de apoyo al desembarco en las islas japonesas, desembarco que finalmente no se llegaría a llevar a cabo por un motivo íntimamente relacionado con el crucero que hoy nos ocupa.

El Indianápolis desplazaba 10.258 toneladas, tenía 180,9 metros de eslora y 20,2 metros de manga. Estaba armado con 9 cañones de 203 mm, 8 de 127 y diversos montajes antiaéreos. Tenía una velocidad máxima de más de 32 nudos, y su tripulación en tiempo de guerra superaba los 1.200 hombres. Bajo el mando del capitán Charles Butler McVay III, se encontraba en el puerto de San Francisco efectuando reparaciones por haber recibido el impacto de un kamikaze semanas antes.

Sin embargo, el 16 de julio de 1945, el destino del buque y de muchos de sus tripulantes daría un giro inesperado. Bajo fortísimas medidas de seguridad, varias cajones forrados de plomo fueron cargados en el crucero, ordenándose a la tripulación que no se acercase al hangar donde se almacenaban custodiados por guardias armados con órdenes de tirar a matar a quien se acercase. El capitán fue instruido para llevar su carga a toda máquina a la isla de Tinian, en Guam, sin hacer preguntas. En caso de hundimiento en aguas amigas, la carga tenía preferencia para ser salvada frente a las vidas de los tripulantes. En caso de ser alcanzado en aguas hostiles, la carga debía ser arrojada por la borda. Ese mismo día, y sin haberse comunicado dicha circunstancia al alto mando del Pacífico, el Indianapolis se hacía a la mar. McVay se lo tomó muy a pecho, navegando a la máxima velocidad, con lo que tras un repostaje exprés en Pearl harbor, el crucero y su carga llegaron a Tinian, a 5.300 millas náuticas de distancia, sólo diez días más tarde.

A estas alturas muchos de los lectores ya se imaginarán que las misteriosas cajas del hangar contenían los elementos esenciales para el montaje de las dos primeras bombas atómicas, "Little Boy", que caería sobre Hiroshima, y "Fat Man" sobre Nagasaki. Los disparadores y otros sistemas livianos se trasladarían por aire a Tinian, que era una de las bases de los bombarderos pesados B-29 superfortress que se encargarían de llevar a cabo la terrible misión.

No sería esta misión la que daría más fama al Indianápolis. De Tinian el crucero se trasladó a Guam, donde recibió órdenes de desplazarse a las Filipinas para adiestrarse con el USS Idaho para la invasión de japón, invasión que como se ha dicho, la carga transportada a Tinian haría innecesaria. Sin embargo, en un alarde de cierta justicia poética, el USS Indianapolis fue torpedeado en su viaje a Filipinas por el submarino japonés I-58. 300 hombres se fueron a pique con el buque, que se hundió con rapidez dejando a 880 tripulantes flotando en balsas improvisadas y chalecos individuales.

Inexplicablemente, el buque no fue echado de menos hasta cuatro días más tarde. Durante ese tiempo, los tripulantes, heridos, empapados en gasoil, fueron atacados inmisericordemente por centenares de tiburones que acudieron al festín. Horribles escenas de mutilaciones, de locura inducida por beber agua salada y luchas a muerte por subir a una de las escasas balsas y así escapar de los escualos tuvieron lugar durante esos 4 días, hasta que primero un hidro y luego un destructor consiguieron rescatar a 316 marinos. El resto había sido pasto de los tiburones. Un total de 886 muertos. No cabe duda que la carga del Indianápolis le trajo mala suerte... fue el penúltimo buque americano hundido en la guerra. Entre los supervivientes se encontraba el comandante del buque, que fue objeto de un consejo de guerra y "pagó el pato" por todos. Acabaría suicidándose.

Puede que algún cinéfilo le de vueltas a la historia pensando que le suena. Y tiene razón, porque uno de los bombazos taquilleros de todos los tiempos, "Tiburón" recoge la historia terrible del Indianapolis en boca del veterano cazador de tiburones de la película. (eso sí, un pelín exagerada).

Fuentes: Foromilitargeneral, youtube y wikipedia.

miércoles, 30 de junio de 2010

30 de junio de 1943: empieza la operación Cartwheel

Durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados, con Estados Unidos a la cabeza, trataban por todos los medios de que Japón no se hiciera fuerte en las Islas Salomón, en pleno Pacífico, y para ello lanzaron la Operación Cartwheel.

La principal finalidad era la toma de Rabaul, la mayor base japonesa de la zona
. El plan, con el general Douglas MacArthur a la cabeza, consistía, a groso modo, en avanzar a lo largo de la costa de Nueva Guinea, tomando una serie de islas en una acción envolvente, apoyados por la flota aliada (EEUU, Australia, Nueva Zelanda, Holanda y algunas islas del Pacífico) del almirante Chester W. Nimitz.

El 30 de junio de 1943 daba inicio esta enorme y bien coordinada empresa
(que sería decisiva y terminaría por agotar los recursos japoneses) con la operación Chronicle, con el desembarco en las islas de Woodlark y Kiriwina.
Exceptuando algún vuelo de reconocimiento y algún bombardeo casi protocolario (sin daños) en la primera de las islas mencionadas, la reacción japonesa fue inexistente.

Las fuerzas navales que participaron en esta primera Operación Chronicle estaban lideradas por el crucero pesado
HMAS Australia (insignia del contraalmirante Victor Crutchley) y el destructor USS Mugford (del también contraalmirante Daniel E. Barbey).
También estaban presentes en esta fuerza combinada australiana-estadounidense el crucero pesado HMAS Hobart y los destructores HMAS Arunta, HMAS Warramunga, USS Bagley, USS Henley, USS Helm, USS Conyngham, y los buques de transporte de tropas USS Humpreys, USS Brooks, USS LST-447 y USS LST-454.

Esta Operación supondría el pistoletazo de salida a otro elevado número de desembarcos en el avance hacia la derrota japonesa en el Pacífico.

Fuente: Wikipedia.

domingo, 20 de junio de 2010

20 de junio de 1944: finaliza la Batalla del Mar de Filipinas

Con este nombre se conoce el encuentro naval que tuvo lugar con ocasión del ataque de las fuerzas navales estadounidenses a las islas Marianas. Este ataque suponía incidir en el centro mismo del dispositivo de defensa japonés, y suponía una ofensiva realmente peligrosa para Japón tras las pérdidas sufridas anteriormente en Midway y Guadalcanal. Ahora la tendencia se había invertido, y era la U.S. Navy la que llevaba la ofensiva contando por primera vez con una clara superioridad material sobre los japoneses. En primer lugar porque en los dos años y medio de conflicto habían entrado en servicio numerosos portaaviones estadounidenses, fruto de la enorme capacidad industrial del país, que Japón no podía ni soñar con alcanzar. Por otro lado el bache tecnológico que los americanos habían padecido en cuanto a capacidad de sus aviones había sido cerrado con la entrada en servicio de los cazas F6F Hellcat, que por fin contaban con una clara ventaja sobre los mitsubishi A6M5 Reisen (Zero); los bombarderos en picado SBD Helldiver y los torpederos TBF Avenger (el nombre de éste último, "vengador", se le puso por el ataque sobre Pearl Harbor).

Soberbiamente equipada y confiada en sus posibilidades tecnológicas y la superioridad de su radar, la U.S. Navy se exponía deliberadamente a lo que desde un principio había sido el plan japonés: atraer a la armada enemiga al alcance de sus aviones basados en tierra, para que éstos, en conjunción con los portaaviones y el resto de la flota imperial, la aniquilasen en la batalla definitiva que era tan del gusto de la estrategia nipona. Con esta finalidad, una poderosa fuerza aérea había sido basada en las islas de Tinian, Saipan, Guam y Rota, mientras la fuerza móvil japonesa de portaaviones, bajo el mando del almirante Ozawa, esperaba la aparición del enemigo en Tawitawi.

El plan americano era claro, apoderarse precisamente de las islas antes mencionadas. Las fuerzas en presencia iban a ser de una entidad impensable dos años antes:

- Por parte Japonesa: 5 portaaviones pesados, 4 ligeros, 5 acorazados y 43 otros buques diversos, junto con 680 aviones, de los cuales 250 basados en tierra.

- Por parte estadounidense: 7 portaaviones pesados, 8 portaaviones ligeros, 7 acorazados, 79 buques diversos, 28 submarinos y nada menos que 956 aviones.

La batalla tuvo dos fases claramente diferenciadas: como se ve en el orden de batalla estadounidense, éstos situaron un gran número de submarinos en la posible ruta de aproximación japonesa, que conocían gracias a su conocimiento del código naval de la marina imperial. Por otro lado, las fuerzas aéreas embarcadas atacarían en primer lugar los aeródromos de las marianas para evitar el concurso de los aviones basados en tierra.

Estos ataques llevados a cabo por la Task Force 58 tendrían lugar el 11 de junio de 1944, destruyendo 150 de los 250 aviones japoneses por la pérdida de tan sólo 11 aviones estadounidenses. Posteriormente, el 14 de junio, al conocer el almirante estadounidense Raymond Spruance que la flota japonesa tardaría unos días en aparecer, destacó a dos Task Force a bombardear Iwo Jima y Chichi Jima, de donde los japoneses planeaban enviar refuerzos aéreos a las Marianas. El 15 de junio empezaba el desembarco en Saipán.

Por fin, el 19 de junio, la flota japonesa hizo acto de presencia cuando la flota estadounidense fue localizada a las cinco de la mañana. Se lanzó una primera oleada de ataques, pero los aviones japoneses tardaron en concentrarse y el radar dió la oportunidad a los Hellcat americanos de interceptar a los japoneses a casi 100 km de su objetivo. En lo que se llamaría "tiro al pato de las Marianas" los cazas y la antiaérea estadounidenses diezmaron las fuerzas atacantes. Un golpe de muerte para las tripulaciones aéreas japonesas.

Simultáneamente, otro tipo de amenaza se cernía sobre los japoneses: los submarinos americanos USS Cavalla y USS Albacore habían localizado a los petroleros de la flota imperial y los habían seguido hasta dar con el cuerpo principal, y lanzaron su ataque justo después de que los japoneses hubieran lanzado sus aviones. El portaaviones Tahio fue objetivo de seis torpedos, disparados por el Albacore, pero cuatro fallaron y el quinto fue interceptado por un piloto japonés que lanzó su avión contra el torpedo. El sexto dió en el blanco, pero no causó demasiados daños. Sin embargo, el oficial de control de daños del buque japonés ordenó ventilar el buque, y los gases inflamables procedentes de uno de los tanques de combustible se expandieron por todo el buque. No tardó en producirse una explosión que mandó a uno de los mejores buques japoneses al fondo junto con 1.650 de sus 1.751 tripulantes. Casi al mismo tiempo el Cavalla encajó tres torpedos al Shokaku, que también explotó.

Pese a estas pérdidas y las sufridas por sus tripulaciones aéreas Ozawa decidió continuar con el plan previsto, ya que desconocía el estado lamentable de la aviación con base en tierra. Sin embargo, pese a lo avanzado de la tarde, fue objeto del contraataque de los aviones americanos, que acababan de localizar su flota. Pese a que sólo 35 aviones japoneses pudieron salir al encuentro de los 216 atacantes, el ataque obtuvo resultados más bien discretos, al hundir el portaaviones ligero Hiyo, dañando otros dos y un acorazado. Lo avanzado de la hora hizo que muchos de los aviones americanos se perdiesen en el regreso a sus portaaviones, cayendo al mar hasta 81 de los mismos pese a que el almirante Mitscher hizo iluminar las cubiertas aún teniendo en cuenta el riesgo de ser atacado por submarinos.

Finalmente, el día 20 de junio de 1944, Ozawa recibió la orden de retirarse del Mar de Filipinas. Con la caída de las Marianas, Japón quedaba al alcance de los bombarderos pesados americanos, y las pérdidas de tripulaciones aéreas entrenadas borrarían del mapa a las fuerzas aeronavales japonesas a efectos combativos para el resto del conflicto. La batalla definitiva no había caído del lado que el alto mando japonés había esperado.

Fuente: Wikipedia




viernes, 4 de junio de 2010

4 de junio de 1942: Batalla de Midway

Siguiendo con la racha de efemérides relacionadas con la segunda guerra mundial, toca hoy detenerse en la batalla que marcó el cambio de tendencia en la teatro de operaciones del pacífico, suponiendo un incuestionable fracaso para la hasta entonces invicta flota imperial japonesa, tras el empate técnico cosechado en la Batalla del Mar del Coral.

Tras sus imparables avances, los japoneses habían conquistado un perímetro defensivo muy extenso, como medio de proteger las islas niponas mediante una defensa adelantada. Ahora, tras consolidar dichos avances, se plantearon por el almirante Isoroku Yamamoto tres posibilidades de ofensiva: hacia Australia, La India o bien Hawaii. Este avance había sido desechado en un principio, pero en la doctrina de guerra naval japonesa, resultaba fundamental llevar a la flota enemiga a una batalla definitiva ahora que la superioridad naval estaba del lado nipón, Si se podía obligar a la U.S. Navy a plantear una batalla con sus fuerzas de portaaviones y se les derrotaba, la flota japonesa tendría campo libre en todo el pacífico y tal vez los americanos se aviniesen a una paz negociada.

Yamamoto tenía esto en mente, ya que como había advertido, a largo plazo la capacidad industrial estadounidense inclinaría la balanza. Había que aprovechar el momento. El objetivo que ofrecia mejores posibilidaes para esa batalla definitiva con los portaaviones enemigos era Hawaii, y como paso previo debía tomarse la isla de Midway, situada como su propio nombre indica a medio camino de todo en el pacífico, pero fundamentalmente en plena ruta directa a Hawaii desde Japón.

El criterio de Yamamoto, pese a que encontró algunas reticencias, prevaleció, y se organizó el ataque. Japón lanzaría una flota en torno a 4 grandes portaaviones de flota: Akagi, Kaga, Hiryu y Soryu, con más de 260 aviones de combate; una cortina de 15 submarinos se desplegó para cubrir la posible aparición de los portaaviones americanos; 2 acorazados, dos cruceros pesados, un crucero ligero y 12 destructores completaban la escuadra que cubría a la fuerza de invasión compuesta por ocho transportes escoltados por un portaaviones ligero, dos acorazados, ocho cruceros ligeros y diez destructores. La armada imperial venía con todo.

En el bando americano, la nueva ofensiva japonesa fue conocida con anticipación. Los americanos habían conseguido descifrar un buen porcentaje de los mensajes del la marina imperial japonesa. Sabían que se preparaba un golpe pero no dónde. Conocían las siglas en clave de los posibles objetivos, entre ellos midway, pero no cual correspondía a cada cual. De esta manera, el oficial de inteligencia Joseph Rochefort ideó la estratagema de radiar en claro un mensaje afirmando que Midway tenía problemas en el suministro de agua. La reacción japonesa informando de que "AF" tenía dichos problemas no tardó en llegar. El objetivo era Midway.

En ese momento, tras perder el Lexington en el Mar del Coral, el almirante Chester Nimitz sólo tenía a su disposición al Enterprise, al Hornet y al Yorktown, pero este último acababa de llegar renqueando a Pearl Harbor tras los daños sufridos en el Mar del Coral. Pese a ello, Una legión de soldadores y operarios consiguió reparar el buque de manera que sólo salió 48 horas más tarde que sus compañeros, el 29 de mayo de 1942. Al mismo tiempo toda una colección de aviones de todos los tipos se enviaron como refuerzo a Midway. Nimitz aceptaba el órdago de Yamamoto. Todos los portaaviones estadounidenses disponibles se expondrían a la batalla por Midway.

La fuerza japonesa llegó a distancia de ataque de la isla a las 3:00 horas del 4 de junio de 1942.El comandante en jefe de la fuerza de portaaviones, Almirante Nagumo, mandó desplegar una pantalla de aviones de reconocimiento que localizasen la posible presencia de portaaviones enemigos, su única preocupación. Sin embargo uno de ellos tuvo que regresar por problemas técnicos y no se envió otro. Su teórico rumbo le hubiese llevado a la flota americana, sita en el llamado point L o "punto suerte" al noreste de Midway. Fue un error fatal para los japoneses. Nagumo lanzó sus fuerzas contra midway, que arrasaron las instalaciones y dieron buena cuenta de las fuerzas aéreas de la isla, pero su defensa fue tan tenaz que se solicitó una segunda oleada.

En ese momento los aviones japoneses restantes estaban siendo cargados con torpedos para el caso de aparición de los portaaviones americanos. Nagumo ordeno su cambio por bombas. Casi al mismo tiempo era localizado por un hidro PBY Catalina que transmitió la posición al almirante Raymond Spruance, comandante de la fuerza de portaaviones estadounidense, que lanzó un ataque con los aviones del Enterprise y del Hornet. También los bombarderos con base en Midway se dirigieron a la zona, y fueron los primeros en lanzar su ataque, que sin embargo resultó infructuoso. Pero a las 8:35 un avión de reconocimiento japonés localizó al Yorktown, portaaviones con el que los japoneses no contaban, ya que lo daban por hundido en el Mar del Coral.

Enterado de la súbita aparición de esta amenaza, Nagumo ordenó volver a cambiar las bombas por torpedos. El caos se organizó en las cubiertas japonesas cuando fueron llegando los aviones procedentes de la primera oleada del ataque a midway y se volvían a armar éstos mientras se terminaba de cambiar el armamento a los restantes. Fue entonces cuando aparecieron las oleadas de ataque del Enterprise y el Hornet. Los primeros en atacar fueron los torpederos TBD Devastator, que fueron aniquilados por los zeros que defendían la flota, pero eso mismo hizo que no pudiesen ascender para interceptar a la siguiente oleada compuesta por bombarderos en picado SBD Dauntless que se habían retrasado al no encontrar en un primer momento a los japoneses. La sorpresa fue total. Los bombarderos obtuvieron repetidos impactos sobre las cubiertas atestadas de aviones y las municiones descargadas. El infierno se abrió sobre el Kaga, el Soryu y el Akagi. Sólo el Hiryu consiguió esquivar el ataque y a su vez lanzó a sus aviones contra el único blanco localizado, el Yorktown.

Este último ataque procedente del Hiryu obtuvo tres impactos de bomba en el portaaviones americano. Ahora los japoneses sabían ya que no había uno sino tres portaaviones enemigos en la zona, y se preparó una segunda oleada de ataque a tales blancos. Pero también el Hiryu había sido localizado y un nuevo ataque estadounidense acabó con el portaaviones japonés.

Así se cerraba la jornada que truncó de un golpe la capacidad ofensiva de la armada imperial japonesa. Los 4 portaaviones perdidos y las valiosísimas tripulaciones aéreas que se habían perdido eran irreemplazables, y su pérdida se haría sentir en los posteriores combates. Para empeorar las cosas, tras considerar continuar la campaña con el resto de las fuerzas y las que habían efectuado el ataque de distracción en las Aleutianas fue desechado al perderse la pista a la flota estadounidense, dueña de los cielos y por tanto libre de lanzar ataques a larga distancia, Yamamoto ordenó la retirada el día 5 en medio de una niebla que provocaría que los cruceros pesados Mogami y Mikuma se abordasen. Éste último sería localizado por los americanos al día siguiente y hundido.

El último zarpazo fue sin embargo favorable a los japoneses, ya que el submarino I-168 localizó al Yorktown cuando se intentaba remolcarlo y lo mandó al fondo junto con el destructor Hammann.

De esta manera el balance final de la batalla de Midway fueron 4 portaaviones y un crucero pesado por parte japonesa frente a un portaaviones y un destructor por parte estadounidense. Se perdieron 228 aviones japoneses por 98 americanos, con unas pérdidas humanas de 3.057 japoneses frente a 307 estadounidenses.

fuentes: Wikipedia


sábado, 15 de mayo de 2010

15 de mayo de 1905: Hundimiento del "Hatsuse"

El los albores del siglo XX, una nación que parecía anclada en la edad media protagonizó una de las mayores revoluciones económicas y sociales conocidas. El Japón imperial, una vez conseguida la unidad nacional y habiendo dejado de lado buena parte de sus tradiciones feudales, en pocos decenios llegó a ser una economía emergente de gran importancia y a retar a las potencias con las que sus fronteras en expansión toparon.

Ese fue el caso de la Rusia Zarista, una gran potencia europea con ambiciones en Asia y en el Pacífico. La colonización de Siberia y la construcción del Transiberiano hasta Vladivostok sólo eran una parte de los planes rusos, que incluían también la zona de Manchuria y Corea. Esto le llevaría de cabeza a chocar con el poder emergente nipón, que ambicionaba también dichas zonas. Ya con ocasión del tratado que puso fin a la primera guerra chino-japonesa, los rusos presionaron a las potencias europeas para que éstas convenciesen a Japón de renunciar a la cesión de Port Arthur a cambio de otras ventajas. La razón era evidente, Rusia quería ese puerto, abierto al Mar Amarillo, que al contrario que Vladivostok se encontraba libre de hielos todo el año. Así que ya en 1898 se llegó a un acuerdo (previa presencia de una potente flota rusa en dicho puerto) para la cesión de Port Arthur y de sus aguas a Rusia, que inmediatamente comenzó a fortificarlo y a construir un ferrocarril que lo uniese con el resto de dominios rusos.

Esta política expansionista del a priori gigante ruso llevó a la declaración de guerra por parte de Japón en 1904. El Zar Nicolás II, que siempre había usado la amenaza de guerra como su mejor baza, nunca pensó que los japoneses fuesen a recoger el guante. Pero Japón iba a demostrar que el código del Bushido tenía un excelente campo de aplicación en los conflictos modernos,y que las naciones jóvenes y dinámicas son realmente peligrosas como enemigos. Pese a contar con sólo seis acorazados en su flota, la armada japonesa, bajo el mando del almirante Togo se apresuró a bloquear Port Arthur y a la flota del Pacífico Rusa que se hallaba en su interior. Ello dió lugar a una serie de enfrentamientos inconclusivos entre la flota japonesa, la rusa y las baterías de costa que defendían el puerto. Sin embargo los dispositivos que se iban a cobrar el tributo más oneroso iban a ser las minas de uno y otro bando. el 12 de abril, una salida de dos acorazados rusos acabó en tragedia cuando ambos chocaron con minas, resultando en el hundimiento del buque insignia Petropavlosk. El almirante Makarov, al mando de la escuadra del Pacífico, se hundiría con él.

Un mes más tarde, el 15 de mayo de 1905, le llegaría el turno a los japoneses. Una escuadra al mando del almirante Nashiba, compuesta por los acorazados Hatsuse y Yashima, así como por el crucero Kasagi, se dirigió a Port Arthur para asegurar el bloqueo. sin embargo, cuando la escuadra enfiló una ruta paralela a la bocana, entró a toda máquina en un campo de minas tendido días antes por el minador ruso Amur. Los dos acorazados tocaron con sendas minas y el Hatsuse empezó a hundirse de proa. Cuando era socorrido por el Kasagi, tocó con un segundo artefacto que voló las cubiertas inferiores, hizo caer el mástil principal y las chimeneas. El buque se fue a pique en sólo un minuto y medio.

El almirante japonés y el capitán del buque pudieron ser rescatados, junto con 21 oficiales y 313 marineros. Otros 38 oficiales y 458 marineros no tuvieron tanta suerte. El otro acorazado, el Yashima, acabaría hundiéndose también mientras era remolcado a un puerto seguro.

Como curiosidad, la guerra ruso-japonesa empezó sin previa declaración de guerra, ya que el primer ataque a Port Arthur tuvo lugar tres horas antes de que el gobierno ruso recibiese la declaración. Algo que los estadounidenses deberían haberse anotado en algún sitio...

sábado, 8 de mayo de 2010

8 de mayo de 1942: Batalla del mar del Coral


Mayo de 1942. Desde hace seis meses, los EE.UU. se encuentran en guerra con Japón, y por extensión con el resto de potencias del eje. Tras el ataque a Pearl Harbor, los japoneses han ido de victoria en victoria. En un tiempo récord, en una campaña realmente fulgurante, se han adueñado de prácticamente todo el sudeste asíático y fijado un perímetro defensivo sobre un vasto océano. En el proceso, la marina imperial japonesa ha aniquilado las fuerzas combinadas americanas, holandesas, australianas, neozelandesas e inglesas que han intentado hacerle frente. Con una excepción: No ha conseguido "Cazar" a ninguno de los grandes portaaviones de la flota del pacífico. Esos portaaviones, el Enterprise, el Hornet, el Yorktown y el Lexington, son lo único que separa a Japón de tener una superioridad naval completa sobre todo el océano pacífico.

En este contexto se sitúa la que sería la primera batalla naval en la que las fuerzas contendientes, ambas dotadas con portaaviones, no llegaron a avistarse entre ellas, ya que toda el peso de la batalla recayó en la aviación.

En el mes de marzo de 1942 los japoneses decidieron dividir sus fuerzas para lanzar tres operaciones ofensivas en los meses siguientes, en el norte, con la toma de las Aleutianas, en el centro, con la operación que terminaría en la batalla de Midway, y en el sur, donde se habían abandonado por el momento los planes de invasión de Australia, limitando el movimiento a la invasión de la isla de Tulagi, en las islas Salomon, y de Port Moresby en Nueva Guinea. De esta forma se cortaba la ruta de suministro entre EE. UU. y Australia.

Esta última operación, con el nombre en clave de MO, se inició con la toma de Tulagi el 3 de mayo. las fuerzas japonesas contaban con la protección de una fuerza de cobertura de cruceros y el portaaviones ligero Shoho, que después del desembarco debía reunirse con la fuerza principal de ataque del almirante Takagi, equipada con dos de los grandes portaaviones de la flota imperial, el Zuikaku y el Shokaku, y apoyar el desembarco en Port Moresby.

Sin embargo, el servicio de inteligencia de la US Navy había logrado descifrar una parte de los mensajes de la flota japonesa, y concluido acertadamente, ya desde finales de abril que el objetivo de la operación era Port Moresby, así que el almirante Nimitz, al mando de la flota americana del pacífico, destacó allí los dos únicos portaaviones que podían llegar a tiempo, agrupados en la llamada TF 17, flota compuesta por los portaaviones Lexington y Yorktown, siete cruceros pesados, uno ligero, once destructores y dos petroleros. Esta fuerza, bajo el mando del almirante Fletcher llegó a la zona, lanzó varios ataques aéreos sobre las tropas desembarcadas en Tulagi y se dirigió al Sur en búsqueda de la principal fuerza enemiga.

El día 7 de mayo se producen los primeros contactos entre las flotas enemigas. Un avión de reconocimiento americano transmite haber localizado a los portaaviones enemigos, y en consecuencia Fletcher ordena un ataque con todos sus aviones. Sin embargo cuando el piloto aterriza se constata que ha habido un error en la codificación y realmente se habían avistado varios cruceros y destructores, pero no portaaviones.

Simultáeamente, los japoneses localizan lo que en principio parecen un portaaviones y un crucero. El almirante Takagi lanza un ataque en dicha dirección. Sin embargo, cuando los aviones llegan a la posición, lo que encuentran son el petrolero Neosho y el destructor Sims, que son hundidos.

Sin embargo, la suerte favorece a los americanos, ya que los aviones enviados tras el mensaje erróneo encuentran al Shoho. A pesar de defenderse con todos sus cazas, los casi 100 aviones americanos que lo atacan acaban con él tras encajarle 7 torpedos y 12 bombas. Era la pérdida más grave sufrida por la flota japonesa desde el comienzo de la guerra.

Por la tarde, el almirante estadounidense, inquieto por el paradero de la principal fuerza japonesa, decidió no lanzar ningún ataque. Los japoneses, sin embargo, detectan a una parte de la flota enemiga y lanzan un ataque en las últimas horas que resulta ser un desastre. son interceptados por cazas de los portaaviones americanos, pero no llegan a localizar a éstos y deben retirarse en medio de la creciente oscuridad. Unos cayeron al mar sin encontrar su flota. otros se perdieron y acabaron sobre la TF 17, que los abatió con su antiaérea. Otros se estrellaron al aterrizar. Las mejores tripulaciones de la selecta aviación naval japonesa habían sufrido cuantiosas pérdidas en un ataque sin sentido.

El día siguiente, 8 de mayo de 1942, marcaría el desenlace de la batalla, y su punto álgido. a media mañana las dos fuerzas se localizan mutuamente, y lanzan sus respectivos ataques aéreos. Los americanos alcanzan al Shokaku en dos ocasiones con bombas, e inutilizan su cubierta de vuelo. Sin embargo, simultáneamennte, los japoneses consiguen dos impactos de bomba en el Yorktown y encajan varios más al Lexington, que además recibe el impacto de dos torpedos. En un principio parece que el buque puede salvarse, pero posteriormente se producen dos explosiones internas y debe ser abandonado y hundido posteriormente por su propia escolta. Con sus fuerzas reducidas a un sólo portaaviones muy dañado, Fletcher se retiró de la batalla.

Por su parte, habiendo perdido un portaaviones y con otro inoperativo, Takagi no considera que esté en condiciones de proporcionar cobertura aérea suficiente a la operación de Port Moresby con un único portaaviones, cuyo componente aéreo ha sufrido severas pérdidas. Así que cancela el ataque. Pese a que sus aviadores informan de que han hundido los dos portaaviones americanos, la falta de combustible le incita a retirarse sin perseguir a los restos de la flota norteamericana. Posteriormente el almirante de la flota, Isoroku Yamamoto, le ordena enfurecido que vuelva, pero la renqueante TF 17 ya no está a su alcance. Esa decisión seguramente salvó al Yorktown.

Ambos bandos reclamaron la victoria. Los Japoneses, por haber hundido, según ellos, dos portaaviones americanos con la pérdida de un sólo portaaviones ligero. Los americanos, por haber detenido la ofensiva sobre Port Moresby. Lo cierto es que fue la primera ofensiva japonesa que no cumplió sus objetivos, y los daños recibidos fueron bastante más graves, sobre todo en tripulaciones aéreas entrenadas. Este periodo marca el apogeo de las fuerzas del eje en la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, Midway, Guadalcanal, Stalingrado y El Alamein marcarán el cambio de tendencia hacia la victoria aliada.

Fuentes: Wikipedia, amarre.com, Naval historical Center.
Agradecimientos: sergiopl, foro militar general