viernes, 3 de enero de 2014

11 de agosto de 1718: Batalla del Cabo Passaro

Nos centramos hoy en el escenario mediterráneo justo durante el periodo que siguió a la Guerra de Sucesión al trono de España. La muerte sin descendencia del último de los monarcas de la dinastía de los Austrias, Carlos II, daría lugar a un conflicto en el que las potencias del momento se posicionarían para sacar el mayor provecho posible, y supuso la desmembración del imperio español. Finalmente el candidato Borbón al trono conseguiría prevalecer y reinar como Felipe V, con el apoyo de su abuelo Luis XIV, aunque también tuvo mucho que ver el hecho de que el otro candiato al trono, el archiduque Carlos de Austria, fuese finalmente llamado a ocupar el trono de Viena. 

En todo caso, el mapa europeo cambió radicalmente, y España perdió la totalidad de sus territorios en Flandes e Italia, además de sufrir muchos otros reveses, entre ellos la pérdida de Menorca y Gibraltar a manos inglesas, ya que éstos apoyaron la causa austracista. La guerra, en todo caso, supuso un completo desastre y el colofón a una época de franca decadencia. 

Reflejo del pésimo estado de la corona española en el momento de la guerra de sucesión es el estado de la armada. Sorprende a cualquiera que se acerque a la realidad naval española a principios del siglo XVIII la extrema debilidad naval de una potencia que sin embargo fiaba su propia existencia al nexo atlántico que le permitía obtener sustanciosos ingresos de las colonias americanas, casi el único sustento de una economía ruinosa. De hecho no existía escuadra como tal, los buques eran escasos y muy desfasados. En una época en que las potencias navales de primer orden, como Inglaterra, Holanda o Francia contaban con numerosos navíos de línea, nuevo concepto que había convertido a los galeones de guerra en obsoletos, España apenas había empezado a decantarse por los nuevos tipos de navío.

De esta forma, Felipe V se encontró con un gigante desarmado y vapuleado. Con muchos esfuerzos, se consiguió mantener el nexo atlántico y crear el embrión de una armada moderna. En ello tendría mucho que ver uno de los protagonistas de la efeméride de hoy, Antonio Gaztañeta, destacado marino y constructor naval que impulsó la evolución en la navegación y en los modelos de construcción naval, con la creación por ejemplo del astillero de Guarnizo. Asimismo se adquirieron navíos a otras potencias mientras las construcciones nacionales no se ponían al día. 

Mientras esto pasaba, el  nuevo monarca centró su política exterior en la recuperación de las posesiones en italia, espoleado por su matrimonio en 1714 con la italiana Isabel Farnesio y por su asesor el cardenal Giulio Alberoni. Esta política expansionista no le trajo demasiadas simpatías, situación que no mejoró por la declaración de Felipe de que reclamaría el trono de Francia en el caso de que el joven Luis XV, que accedió al trono con sólo cinco años por la muerte de Luis XIV, falleciese. Esto origina la firma de la tripe alianza entre Holanda, Inglaterra y Francia.

La situación se precipita con la invasión por parte de España de la isla de Cerdeña, bajo dominio Austriaco, en 1717. Austria se hallaba empeñada en una guerra con los turcos en los balcanes, por lo que no podía implicarse a fondo en el teatro mediterráneo. Así, en 1718, un ejército de 30.000 hombres apoyado por una flota al mando del propio Gaztañeta invadió la isla de Sicilia, sitiando Messina. La triple alianza lanza un ultimatum a España para que abandone la isla, respaldado por la escuadra británica que operaba en el Mediterráneo bajo el mando del almirante Sir George W. Byng., que apareció frente a Messina en fuerza. 

Cuando la escuadra británica fue avistada, Gaztañeta no se alarmó en exceso, ya que no tenía noticias del ultimatum, ni pensaba que la flota inglesa fuese a lanzar un ataque sin una previa declaración formal de guerra. En esto se equivocaba, ya que Byng no lo dudó y lanzó a sus naves directamente contra la flota española, que se hallaba dispersa y dividida en dos grupos principales. La realidad se encargó de mostrar su error a Gaztañeta. No sería la primera ni la última vez que los ingleses lanzaron un ataque en tiempo de paz. Afortunadamente para ellos su historiografía se ha encargado de que su imagen de hidalgos de los mares se mantenga impoluta, ya que en su caso no hay discursos inflamantes hablando del día de la infamia. En todo caso, la historia la cuentan los vencedores, y la importancia de un ataque a traición depende del éxito de la empresa. 

La flota española alineaba un número respetable de navíos de línea, entre ellos uno de 74 cañones, el Real San Felipe, uno de 70, 8 de 60 y 4 de 50. La flota sin embargo no navegaba en línea de batalla, y estaba compuesta por múltiples navíos de tipos menores, incluso bombardas y galeras. Superados en número y potencia de fuego por la escuadra de Byng, que contaba con un navío de tres puentes y noventa cañones, dos de 80, 9 de 70, 7 de 60 y 2 de 50, aparte de otros menores, y contando además los ingleses con ventaja táctica, de posición y atacando por sorpresa sin previa declaración de guerra, el resultado estaba cantado. La flota española fue dispersada y 11 navíos fueron capturados y dos hundidos, tras un intenso combate. 

De esta forma, buena parte del embrión de la futura armada borbónica se perdió prematuramente. Sin embargo gracias al propio Gaztañeta y a los que le seguirían, la armada española experimentaría una progresiva modernización y profesionalización tanto en mandos como en la calidad de sus construcciones navales. De hecho sólo  cincuenta años más tarde de la derrota de cabo Passaro, se botaba el Santísima Trinidad, buque más potente de su época, y los navíos españoles se consideraban entre los mejor construidos y más marineros.

George Byng disfrutó de sus laureles, obtendría una baronía, y posteriormente sería ordenado caballero de la orden de Bath. Sin embargo, en un curioso giro del destino, sería uno de sus quince hijos, John Byng, quien sería derrotado casi en las mismas aguas y perdería la isla de Menorca que su padre había contribuído a ganar menos de cuarenta años antes, sellando con ello su propio destino.

Pero eso, una vez más, es otra historia...

Fuentes: Wikipedia, todoababor, foro todoavante.es

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