jueves, 5 de marzo de 2015

16 de agosto de 1747: "Gesta del Glorioso"

Hay ocasiones en que una efeméride en particular abarca varias fechas, y en esos casos al que suscribe le
resulta complicado decidirse por una de ellas. Puede suceder así con un hecho o navegación en el cual se podría considerar como fecha relevante la partida, la arribada o algún hecho destacable entre ambas. En todo caso. Es lo que sucede con el acontecimiento que tratamos hoy, que no es otro que la llamada "gesta del Glorioso"

Esta historia tiene una gran vis atractiva para todos los aficionados a la historia naval española, que cuenta con muchos casos similares en los que la capacidad de resistencia de un navío, sus mandos y su tripulación se ven puestas a prueba ante el acoso de fuerzas muy superiores. Ahora mismo se me vienen a la cabeza combates a ultranza sostenidos por navíos de línea como el Princesa o el Montañés, pero hay muchos otros. En unos casos, tal defensa desesperada del pabellón fue coronada por el éxito; en otros casos sólo pudo testimoniar un ejemplo más de valor más allá de la obediencia debida y del cumplimiento del deber.

Pero vamos allá con este episodio, que ha sido objeto de múltiples análisis y publicaciones. Nos sitúa la efeméride de hoy en el marco de la llamada guerra del asiento, librada entre 1739 y 1748 entre España e Inglaterra, también conocida como la "Guerra de la oreja de Jenkins", y que se prolongaría como un episodio más del conflicto más amplio de la guerra de sucesión austriaca. Este conflicto demostró la capacidad de resistencia y los nuevos bríos que la armada española había cobrado tras su período más bajo en siglos, que coincidió con la guerra de sucesión española tan solo 40 años antes. El quebranto que tal conflicto supuso para la corona española impuso además condiciones muy gravosas que llevaron al inicio de nuevas hostilidades que tuvieron como escenarios principales el Caribe y las posesiones de ultramar, y en el marco de las cuales, si bien los ingleses obtuvieron varios éxitos, se toparon con unas fuerzas armadas y una marina mucho mejor equipadas y con mandos competentes que les opuso una feroz resistencia en todos los frentes y que les propinó sonoras derrotas como la de Cartagena de Indias.

Pues bien, en este contexto nos encontramos con el navío de línea Glorioso, de 70 cañones, que en Julio de 1747 transportaba un gran cargamento de pesos de plata, en número de cuatro millones, bocado realmente apetecible para las diversas escuadras inglesas que patrullaban el atlántico. Al mando de la nave se encontraba el capitán D. Pedro Mesía de la Cerda.

El buque se hallaba en medio de una encalmada a la altura de las Azores cuando se divisó un convoy mercante inglés. La escolta del mismo la componían el navío de línea HMS Warwick, de 60 cañones, la fragata de 40 HMS Lark y un bergantín, bajo el mando del capitán del Warwick, John Crookshanks. Los ingleses avistaron un navío solitario y dedujeron correctamente que podía tratarse de una presa de importancia transportando caudales, e iniciaron la persecución. De la Cerda aprestó a la tripulación para el combate pero intentando en la medida de lo posible mantener el barlovento y zafarse, dado que su principal misión era el transporte de la plata sin asumir riesgos. En todo caso no tardaría en romperse el fuego al ser alcanzado por el bergantín inglés, que intentó cañonearlo por la popa y provocarle averías en el aparejo que permitiesen que fuese alcanzado por los otros dos buques. En el navío español se trasladaron varias piezas a popa y se mantuvo un intercambio de disparos hasta que la fragata y el navío ingleses estuvieron ya próximos y por lo tanto un combate en toda regla resultó inevitable. El bergantín fue despachado a escoltar al convoy y la Lark tomó el relevo en el acoso al Glorioso. Pero esta vez el navío orzó presentando su costado y descerrajando una andanada a la fragata que recibió daños muy considerables en aparejo y casco. Esto permitió sin embargo aproximarse al Warwick, y a las 02:00 de la mañana de 16 de julio los dos navíos iniciaron un feroz cañoneo. Tras una hora y media, el fuego español había rendido el palo mayor del navío británico, y éste intentó destrabarse, momento que aprovechó D. Pedro Mesía para abandonar el combate, dada la posibilidad de que apareciesen refuerzos y el hecho de que también había recibido daños. 

El Glorioso fue parcheando sus daños hasta que a la altura del cabo Finisterre avistó de nuevo otras tres velas enemigas. Se trataba del navío de línea de 50 cañones HMS Oxford, junto con la fragata de 24 HMS Shoreham y el bergantín Falcon, de 20. De nuevo los ingleses atacaron y de nuevo el Glorioso consiguió  rechazar todos los ataques provocando graves daños a los buques británicos. De esta forma, el 16 de agosto de 1747, con aparejo y casco dañados pero su cargamento intacto, el Glorioso recalaba en la villa de Corcubión, donde procedió a descargar y a efectuar reparaciones de emergencia, si bien se encontraba corto de munición y los daños más considerables sólo podrían ser reparados en un arsenal como Ferrol o Cádiz. Sin embargo la misión principal del buque estaba cumplida. 

De la Cerda opta entonces por, una vez efectuadas las reparaciones, zarpar en demanda de Ferrol. Sin embargo vientos contrarios y mal tiempo le provocan daños en la arboladura y debe dirigirse en su lugar a Cádiz. Intenta alejarse en lo posible de las costas portuguesas pero eso no impide que el 17 de octubre, a la altura del cabo San Vicente, se avisten 10 velas enemigas. Los primeros buques en trabar contacto son los correspondientes a la escuadra corsaria al mando del comodoro George Walker, compuesta por 4 fragatas conocidas como la "Royal family" por sus nombres (King George, Prince Frederick, Princess Amelia y Duke). A más distancia intentan alcanzar al Glorioso los navíos de línea HMS Dartmouth (50 cañones) y el HMS Russell, de 80 cañones y tres puentes, correspondientes a la escuadra de John Byng

Una vez más los ingleses atacan con las fragatas esperando la llegada de los buques de mayor porte. Esto hace que la King George reciba las atenciones del Glorioso y quede desarbolada y a la deriva. La Prince Frederick y la Duke toman el relevo pero a las 22:00 horas, aunque el buque español lleva en combate desde las 08:00, deben tomar distancias de nuevo rechazadas por el fuego de un cada vez más baqueteado buque que insiste en tomar derrota a Cádiz.

Amanece el 18 de octubre, y los dos navíos de línea ya se han incorporado a la caza. Se traba nuevo
combate entre éstos acompañados de dos de las fragatas y el Glorioso. Sin embargo, tras varias andanadas el HMS Dartmouth es alcanzado en la santabárbara y estalla. Su capitán y más de 300 hombres se van al fondo con él. Esto da un respiro al buque español que ya está prácticamente desarbolado, con graves daños en el casco y muy escaso de munición. Persevera en su ruta pero a las 12 de la noche de nuevo es obligado a trabar combate con el Russell y dos fragatas. Aún así soporta y devuelve el fuego durante toda la noche hasta que, a las seis de la mañana del día siguiente, al quedarse sin municiones y con el buque prácticamente hundiéndose, con 33 muertos y 130 heridos a bordo, D. Pedro Mesía ordena arriar bandera. Los ingleses han capturado el Glorioso, pero les ha costado un navío de línea, graves daños en otros tres y en cuatro fragatas. Han perdido en la acción nada menos que 433 muertos y 352 heridos, y para mayor consternación, se encuentran que el navío ya había desembarcado su carga. 

El Glorioso es tomado a remolque y alcanza Lisboa, sólo para comprobar que los atroces daños sufridos en combate lo imposibilitan más allá de cualquier reparación, con lo cual será desguazado. Magro botín para tantas pérdidas y tantos esfuerzos. 

Dos de los comandantes que se enfrentaron al Glorioso fueron objeto de un consejo de guerra por su deficiente desempeño en el combate, siendo uno de ellos expulsado de la armada. Otro de ellos, como vimos, moriría en el combate. 

D Pedro Mesía de la Cerda y su tripulación fueron objeto de múltiples atenciones en honor a su valor. D. Pedro sería tras su liberación ascendido a jefe de escuadra y llegaría a  Teniente General y Virrey, falleciendo en 1783.

En 1755 sería botado en Ferrol otro navío con el nombre de Glorioso

Otros buques compartirían con el Glorioso el dudoso honor de ser desmantelados en combate en circunstancias desfavorables, oponiendo una resistencia más allá de toda lógica. Pero eso, una vez más, será otra historia...

Fuentes: Wikipedia, Singladuras por la historia naval (singladuras.jimdo.com), todoababor.es

P.D.: Este episodio ha sido recientemente retratado de forma magistral por el conocido pintor, del que nos declaramos seguidores incondicionales, Augusto Ferrer Dalmau, con su cuadro "El último combate del Glorioso" Recientemente también ha completado el primer cuadro que se muestra en la entrada, que refleja el segundo combate del navío a la altura de Finisterre.

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