miércoles, 18 de marzo de 2015

17 de agosto de 1977: El rompehielos "Arktika" alcanza el Polo Norte

Para variar, después de tantas efemérides bélicas, hoy nos detenemos en la conmemoración de un hecho en el que no se disparó ni un tiro, algo en todo caso reconfortante. Ya hemos tratado en este blog la efeméride relacionada con el primer submarino que alcanzó el Polo Norte, y ahora nos detenemos en el primer buque de superficie en imitar tal acontecimiento, algo que a priori se nos antojaría imposible a los profanos en la materia.

De este modo, nos situamos en el último cuarto del siglo XX, en plena guerra fría, en la que las dos superpotencias competían en todo tipo de logros, tanto científicos, como bélicos o incluso deportivos, y donde cada logro alcanzado por una de ellas se manifestaba como una victoria frente al otro bando. Así sucedería con la carrera espacial y con tantas otras cosas. Y algo parecido se experimentó con la carrera tecnológica relacionada con la energía nuclear y todos sus usos. 

Entre estos se encontraba de forma destacada el uso de reactores nucleares para propulsar buques. La ventaja obvia de esta propulsión se encontraba, por un lado, en su capacidad para convertir lo que hasta entonces eran meros sumergibles en verdaderos submarinos capaces de permanecer meses en inmersión sin necesidad de subir a la superficie a recargar baterías y capaces de largos periodos sin repostar. Pero también se usó esta propulsión en buques de superficie, sobre todo grandes navíos como portaaviones, cruceros y destructores, que de esta forma eran capaces de una perdurabilidad y una autonomía hasta entonces desconocida. Por otro lado, y esta era la cruz de este sistema, suponía un elevadísimo coste, así como un problema con la seguridad operacional, ya que cualquier percance relacionado o no con el reactor nuclear de a bordo se podía convertir en un desastre nuclear.

Pese a ello, los años 70 y 80 supusieron un auténtico "boom" en el uso de reactores nucleares como planta propulsora de buques, principalmente militares pero también alguno civil. 

Este es el caso que nos ocupa, y que constituiría la serie de rompehielos de mayor tamaño y potencia de su época, la clase "Arktika". El primer buque de la serie y que le daría nombre a la misma fue construido en los astilleros del Baltico, en Leningrado (hoy San Petersburgo). Con un desplazamiento de 23.000 toneladas, 148 metros de eslora, 30 de manga y una tripulación de casi 200 hombres, este mastodonte era propulsado por dos reactores nucleares OK-900A que le dotaban de una potencia de más de 75.000 caballos. Su doble casco en forma de barril y la curvatura de su proa hace que el buque "monte" sobre la capa de hielo en vez de embestirla, partiéndola con su peso. De esta forma el buque puede atravesar capas de hasta 6 metros de hielo. El Arktika tenía la popa en forma de M de manera que pudiese efectuar labores de remolque, y estaba equipado con un hangar con capacidad para dos helicópteros Mil-mi 2 "Hoplite" o Kamov Ka 27 "Helix".

El Arktika fue botado en 1975, y otros 5 buques de la misma clase serían completados. Su misión era fundamentalmente científica, y además servirían para abrir paso por el casquete polar a buques mercantes en las rutas del ártico, algo de importancia fundamental para la Unión Soviética dado su limitado acceso a las rutas oceánicas a través del Báltico o del Mar Negro, y teniendo en cuenta que dichas rutas de acceso al Atlántico se helaban buena parte del año. 

Como un test para las capacidades del buque, como un hito y, por qué no, para demostrar la potencia industrial y tecnológica de la Unión Soviética frente a las potencias occidentales, en 1977 el Arktika parte del puerto de Murmansk con rumbo al Polo Norte, haciendo honor a su nombre (significa "fin de la tierra). Tras una travesía de 13 días a una velocidad media de 12,3 nudos, recorriendo 3.080 millas, el buque izó el pabellón soviético en el punto marcado a latitud 90ºN. Era el 17 de agosto de 1977, y el Arktika se había convertido en el primer buque de superficie en alcanzar el Polo Norte. 

No sería el único hito que marcaría el rompehielos en sus singladuras, aunque sí el más destacado. Estuvo un año entero sin tocar puerto, y cumplió 33 años de servicio continuado, recorriendo más de un millón de millas durante sus navegaciones. los reactores funcionaron sin contratiempos durante 117.000 horas, demostrando la fiabilidad y la robustez de su construcción. Durante su funcionamiento rompiendo hielo, la planta propulsora consumía 200 gramos de combustible al día. Dado que el núcleo del reactor albergaba 500 kg de isótopos de uranio, el buque necesitaba una parada para el cambio de núcleo y por lo tanto para repostar una vez cada cuatro años aproximadamente. 
Así,

En el 2008, el Arktika fue retirado del servicio. Sus reactores se usaron como fuente de repuestos para los 4 rompehielos de su clase que siguen en servicio, como recordatorio de la potencia tecnológica y de los esfuerzos de la industria rusa para mantenerse en la vanguardia en sectores punteros durante la guerra fría.

Fuentes: Wikipedia, Russia and India Report


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